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La colecta de las reinas

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Distintas reacciones de indignación ha despertado la llamada “crisis por el agua” que tiene lugar en varias ciudades de la costa norte del país.

 Así, se llevan a cabo actividades de recolección de fondos (para comprar y llevar agua) gestionadas por la empresa privada asociada con agencias del Gobierno. También se realizan eventos de recaudo, ya no de fondos, sino de agua como tal.

Según informa un confidencial de la revista Semana, la “señorita Guajira”, María Fernanda Daza, “se fue en solitario” a recoger agua en botella “por las calles de Bogotá”. Algunas exreinas se sumaron a Daza con la intención de “contribuir en algo para sofocar la sed de los guajiros”. Por su parte la “Galotón”, organizada por jóvenes de Cartagena, “se volvió viral en las redes sociales” y recogió nueve mil litros con apoyo de la Armada Nacional, que llevará los botellones de agua a los “sitios afectados” en los próximos días. Al mismo tiempo, comentaristas y líderes de opinión le han reclamado al Estado, han enumerado los damnificados con datos y cifras de instituciones como la Defensoría del Pueblo y han denunciado el robo de recursos y “la situación de los niños indefensos”. Varios han exhortado a la “ciudadanía caribe” a levantarse y exigir.

Entre tantas respuestas, es importante entender que las comunidades en Riohacha o Santa Marta, Malambo y Montería, no han permanecido inermes ni a la espera. Por el contrario, si revisa el lector la prensa regional de 2013, 2012, 2011 o 2010, encontrará reacciones casi diarias contra el mal servicio de agua y energía: miles de cartas y quejas formales ante las entidades reguladoras y de control, creación de organizaciones (Red de Usuarios de Servicios Públicos del Caribe, Comité de Indignados de Electricaribe, veedurías ciudadanas), cientos de manifestaciones y bloqueos de carreteras. Abundan también las acciones legales en contra de las empresas de servicios, denunciando mal servicio y contestando la facturación.

Un reconocimiento de todas estas iniciativas, organizaciones y procesos permite comprender mejor los problemas y arroja luces sobre posibles soluciones. Permite entender, por ejemplo, que más que de una crisis, se trata de una situación cotidiana de vieja data. Pues aunque la sequía ha generalizado una realidad que rutinariamente vivían algunos barrios, la falta de acceso a agua potable, alcantarillado y electricidad es sistemática desde hace años (no hay que olvidar que el mal servicio de electricidad deja a comunidades enteras sin agua pues afecta estaciones de bombeo y plantas de tratamiento).

Asimismo, las denuncias contra la factura son evidencia de una encrucijada: las personas se resisten a pagar un servicio que consideran pésimo y las empresas (que reciben importantes subsidios estatales) repiten que no pueden mejorar porque la gente no paga. Finalmente, al pensar la falta de servicios como algo cotidiano (y no excepcional) en muchos barrios, se revelan otros dilemas, más bien éticos, de las donaciones de agua. Pues que sea grande o pequeña la embotelladora, se llame Brisa, Manantial o Cristal, lo evidente es que no a todos les toca por igual la sequía. La misma agua que llega por donación es exhibida en los supermercados locales. Agua hay, lo que no hay es plata para comprarla. La botella plástica regalada es un objeto que les recuerda a las comunidades que la reciben, que el agua para ellas será pasajera.

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