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Esta es la segunda vez que los Kollmann, una pareja alemana que hace cinco años adoptó a un niño chileno y en 2009 a una menor colombiana, regresan al país. Desde que Yenny llegó a su hogar cargada de ilusiones para empezar una nueva vida, no habían vuelto a viajar a Suramérica. Pero en esta oportunidad quisieron hacerlo para compartir su testimonio con los asistentes al II Congreso Internacional de Adopciones, que finalizó el lunes en Bogotá.
Sonrientes, contaron que decidieron adoptar a Helmuth porque querían otro hijo y biológicamente no era posible. Escogieron Chile debido a que tenían amigos allá, hablaban español y se sentían cercanos a esa cultura. Al comienzo fue difícil, Helmuth tenía siete años y no sabía alemán. Sólo hasta los tres meses comenzó a adaptarse. De hecho, dejó de hablar por completo el español. Según su madre, quería dejar atrás un pasado lleno de sufrimiento.
Elvira Forero, directora del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, explica que sus esfuerzos se han encaminado en lograr que los menores considerados de difícil adopción (por tener más de siete años, sufrir trastornos del comportamiento o estar en condición de discapacidad) encuentren un hogar.
En la mayoría de los casos son las familias extranjeras las que se quedan con ellos. “Aquí los padres tienen en cuenta consideraciones como la raza o la edad”, explica Forero y advierte que por eso en este momento hay 3.500 familias extranjeras en lista de espera, mientras que sólo 200 padres colombianos aguardan a que les den luz verde para comenzar el proceso de adopción.
Debido a este fenómeno, concluye, resulta tan importante la sensibilización con historias de vida como la de los Kollmann, quienes les brindaron a un par de niños la posibilidad de un futuro que antes parecía incierto.