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Copérnico descansará en paz

Después de cinco años, las pruebas de ADN confirmaron que el arqueólogo Jerzy Gassowski tenía razón cuando, en 2005, anunció que había descubierto la tumba del astrónomo.

23 de mayo de 2010 – 04:00 p. m.

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Adultos, niños y ancianos que habitan la región de Warmie, en Polonia, salieron a las calles este fin de semana y formaron una espontánea procesión que acompañó los restos de Nicolás Copérnico hasta la catedral de Frombork, en donde se realizó una solemne ceremonia para despedir nuevamente a este astrónomo que fue considerado un hereje, debido a su teoría revolucionaria según la cual es la Tierra la que gira alrededor del Sol, y no al revés, como se creía antes del siglo XVI.

El líder de la Iglesia católica polaca, Jozef Kowalczyk, fue el encargado de oficiar la misa y de darle sepultura por segunda vez a los restos del autor de la teoría heliocéntrica, quien falleció en el año 1543, antes de ver publicada su obra, en la que trabajó por más de 25 años. Copérnico fue enterrado en Polonia en un ataúd de madera, descubierto en 2005 por un grupo de arqueólogos que lideraba Jerzy Gassowski, quien describió las peripecias que realizaron para obtener este hallazgo como una novela policíaca.

Nadie creyó que lo que decían fuera cierto, que después de cinco siglos hubieran encontrado, en las costas del mar Báltico, el lugar en el que reposaban los restos de uno de los personajes más relevantes de la historia para la ciencia y la astronomía. El gobierno polaco, en cabeza de un grupo de prestigiosos investigadores, decidió entonces exhumar la tumba para realizar pruebas de ADN y comprobar que Gassowski y sus colegas tenían razón.

Cinco años duró el análisis de los huesos del cráneo, hasta que, finalmente, a comienzos de este año, los científicos llegaron a la conclusión de que efectivamente se trataba de los restos de Copérnico. El periodista de la BBC, Adam Easton, quien estuvo siguiendo de cerca todo el proceso, contó que “la reconstrucción facial mostró a un hombre muy similar al que aparece en los retratos del considerado padre de la astronomía moderna”.

Meses después se dio a conocer la noticia a la opinión pública y comenzó la organización de la ceremonia en la que el pueblo polaco le diría nuevamente adiós a uno de sus hombres más valiosos. Así, este fin de semana, un grupo de ciudadanos cargaron el ataúd de madera con la pintura del rostro de Copérnico en uno de sus costados y, al llegar a la catedral, soldados del ejército polaco lo custodiaron hasta el altar, en donde había más de diez sacerdotes y una fila de banderas izadas.

Al compás de la música y los cantos religiosos, se despidió a uno de los genios polacos más emblemáticos de la historia.

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