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Oportuno e importante el editorial de El Espectador del 14 de agosto de 2014 sobre el nuevo ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible.
En una entrevista de televisión, el ministro mostró total desconocimiento sobre el tema de la cartera a su cargo, que pidió un “compás de espera” y ofreció diálogo con los ambientalistas para buscar acuerdos, pues considera que es necesario encontrar puntos medios y lograr la concertación, ya que las cosas no son blanco o negro.
Él estima que el ambiente es tan importante como el desarrollo. Dijo que se dedicaría a trabajar el tema de la minería ilegal, para ofrecer alternativas a los mineros; esto obviamente toca el medio ambiente, pero no es de su exclusivo interés. Pero dejó de lado el problema ambiental de fondo relacionado con el necesario ajuste al modelo de desarrollo no sostenible que impulsan los otros quince ministerios y buena parte del sector productivo y la sociedad.
Con este anuncio queda claro que el ministro no será la contraparte al desarrollo destructivo, sino un mediador de conflictos, para favorecer un modelo que se está revisando en los países serios y que está mostrando sus efectos negativos en la economía, el ambiente y la sociedad.
El nuevo ministro tampoco sabe que tiene funciones de ley y compromisos nacionales e internacionales que no dan espera y exigen conocimientos y experiencia sobre el tema.
No se requiere un diálogo y concertación con los “ambientalistas” como si se tratara de “una clientela” a la que es preciso tener contenta. Tampoco se trata de convencernos de que “el ambiente y el desarrollo son igualmente importantes”.
Se trata de impulsar un desarrollo sostenible que respete la naturaleza, la vida y asegure el bienestar con “equidad” de todos los colombianos.
Tarea que exige competencia profesional en el Minambiente y los máximos esfuerzos del país. Con este nombramiento el presidente Santos se equivocó en materia grave.
Pablo Leyva. Bogotá.
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