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He leído el editorial titulado “Aprender a amar” (El Espectador, 08/08/14), publicado el día en que inauguramos, en la Universidad del Atlántico, la Cátedra del Amor, la primera que se imparte en una institución educativa de América Latina en razón a que somos el único país latino que tiene el amor consagrado como uno de los derechos fundamentales de los niños colombianos.
En razón a la coincidencia me atrevo a comentar su editorial que bien dice que “es necesario enseñar a amar ya que llevamos tanto tiempo odiando y odiándonos”. Es cierto. Vivimos en el diario horror de matarnos entre nosotros mismos y discriminando al otro, colombiano igual a nosotros, porque nació en otro lugar de esta tierra ancha y nuestra o porque tiene otro color de piel o baila mejor. En buena hora llega su reflexión sobre el amor, que es un derecho. Pero que también es un deber de cada colombiano y colombiana si realmente queremos ser una sociedad en paz, una sociedad amorosa donde cada quien respete al otro.
Aprender a amar es una exigencia no sólo política, pues así se desprende de la consagración constitucional (artículo 44 C.N.), sino educativa. Exigencia que compromete a la familia, la sociedad y el Estado si lo que deseamos realmente es un Estado social de derecho. Y en esa labor educativa debemos contribuir desde la posición que más nos permita la vida.
Por eso hemos propuesto la Cátedra del Amor, uno de los intereses que nos impusimos en el Doctorado en Educación que cursamos en la Universidad del Atlántico, cuyas directivas la acogieron y ya se inició, con la matrícula de 35 estudiantes de la Facultad de Ciencias Jurídicas y que pretende reproducirse en los demás programas de la única universidad pública de Barranquilla.
Ese editorial sera material de la próxima sesión de nuestra cátedra, que tiene la misión utópica de transmitir la enseñanza de Gabo al recibir el Nobel: “que sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad en la Tierra” (“La soledad de América Latina”, Estocolmo, 1982). Esa oportunidad es la del amor, único ingrediente humano que puede sacarnos del horror de 50 años de violencia y milenios de discriminación.
Gaspar Emilio Hernández.
Orientador de la Cátedra del Amor, Universidad del Atlántico.
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