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Río+20: altos diálogos, bajas acciones

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Si bien hemos demarcado un camino en la ruta de la equidad territorial, sustentabilidad ambiental y productividad justa, plasmado en la modificación del plan de ordenamiento territorial del alcalde Petro, también se dice que las obras son amores y no buenas razones, y en este sentido es poco lo que se ha ejecutado al respecto.

Hemos quedado en un pasivo de la memoria donde las rutas para bicicletas no se han incrementado en tres años, al menos en esta administración no se ha construido el primer kilómetro de ellas y su estado empeora con un arbolado que no es manejado integralmente y permite el crecimiento radicular que atenta contra el ciclista. Hoy debemos preguntarnos qué tan saludable y seguro es movernos en bici cuando la exposición a gases afecta el sistema pulmonar y los atracos se incrementan.

Por otra parte, Transmilenio no ha contado con las voluntades políticas luego de su implementación en el gobierno del alcalde Peñalosa y hoy se hace inviable, insostenible e inhumano. Ya frente al tercer superlativo de la ciudad se encuentra la recuperación de la quebrada Las Delicias, un proyecto adelantado por una de las organizaciones más cuestionadas en el mundo, que cuenta entre sus patrocinadores con empresas altamente criticadas por prácticas no tan sostenibles ni amigables con el ambiente. Entre sus partners están Monsanto, aquella que nos envenena con glifosato, siendo el único país del mundo que utiliza esta sustancia, y Shell, quienes desean la explotación de petróleo en el Ártico y poner en riesgo el regulador climático mas importante del planeta: el océano.

En algo sí debemos crear las formas de un frente común, amplio y multipartidista y es en la defensa a las modificaciones del POT de Bogotá. Es sin duda la oportunidad de una política pública de ocupación del territorio que nos permite la resiliencia, esa capacidad de recuperarnos de los desastres y las deudas ecológicas y sociales, para esbozar un modelo de región que, más allá del obsoleto desarrollo sostenible, nos proporcione la habitabilidad digna y justa. Celebro con júbilo la Bogotá que piensa su sustentabilidad, la claridad política del alcalde mayor y, como lo menciona Fabrizio Hochschild de la ONU Hábitat, “Bogotá se convierte en un líder del debate de las prioridades del desarrollo sostenible…”. Pero, la verdad, creo que nos merecemos, para nuestro bien común, ser más que un mero discurso.

*Diego García Bejarano, Ingeniero ambiental. Concejal Alianza Verde.

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