Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Con bombos y platillos se ha posesionado el presidente Santos para iniciar su segundo mandato como primer mandatario de los colombianos. En su discurso hizo énfasis en la salud y la educación, entre otros temas, como la paz.
Confieso que a pesar de haber votado por Santos estoy bastante escéptico de lo que pueda suceder con el país durante los próximos cuatro años. Si fuera un presidente distinto, posiblemente estaríamos escribiendo que al nuevo visitante de la Casa de Nariño habría que darle un compás de espera. Pero es que ya hemos visto cómo y con quiénes gobierna Santos, y eso es precisamente lo que me preocupa.
Espero equivocarme, pero me temo que el Gobierno tendrá muchas dificultades para sacar adelante en el Congreso las reformas que se necesitan en temas trascendentales como la salud, la reforma a la justicia, las pensiones, la educación. Y dudo mucho de la capacidad de maniobra del Gobierno, porque una de sus características es su incapacidad para manejar el Congreso. Y creo que el ministro Juan Fernando Cristo no podrá hacerlo solo.
El presidente Santos gobierna para un país diferente de para el cual fue elegido. Él de verdad cree que las cosas van divinamente y eso no es cierto. Si bien las cifras sobre la pobreza, por solo mencionar un caso, muestran alguna mejoría, no es sino ver la realidad. Solo pensemos en la monstruosidad que está pasando en La Guajira, en donde se están muriendo los niños de desnutrición sin que hasta la fecha el Gobierno haya hecho nada para solucionar eso. Ni hablar de la pobreza de departamentos como el Chocó, Vichada y Caquetá.
El Gobierno en cambio anuncia, en cabeza del ministro de Hacienda, otra reforma tributaria, porque dice necesitar más recursos para el posconflicto. Sin embargo, cabe preguntarse: ¿cuál posconflicto, si el país sigue en guerra y no ha logrado solucionar sus problemas actuales? En fin, todo parece una locura, y tal vez lo es.
Intuyo, por lo que le oigo a algunos parlamentarios y políticos experimentados, que el presidente Santos de verdad cree que los colombianos que votamos por él, lo hicimos para premiar su primer gobierno. Pues no, lo hicimos porque creemos en la paz, no porque su primer mandato nos haya parecido bueno, pues no lo fue. Y es tal vez por eso que este que arrancó el jueves sea aún peor, porque de no concretarse la paz, y de no sacarse adelante las reformas, veremos al presidente Santos saltando matones todos los días para mantenerse en el poder. Ojalá Santos entienda que tiene a un país descuadernado en sus manos, con un Congreso hostil, unas Fuerzas Militares inconformes y muchísimos colombianos, millones, absolutamente descontentos. Por eso me atrevo a pensar que no arrancó un nuevo período, sino que será más de lo mismo.
Por lo pronto solo queda esperar a que el primer mandatario vuelva a conectarse con la realidad del país, porque bien desconectado que se le ha visto desde que ganó las elecciones. O se conecta o se jode. Así de fácil.