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Al rescate de las aguas en la bahía de Taganga

El proyecto de la Fundación Prosperar busca desenterrar basura del mar, convertirla en arte y volverla a hundir para crear arrecifes de coral.

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Todo es silencio, una intermitencia de la vida ruidosa de la superficie. Abajo, en el mar, se vive una suerte de azul quietud. El nado de un pez apenas se siente y las algas se balancean mudamente al ritmo de la corriente. Tan sólo se oye el sonido de la propia respiración, las burbujas que salen del regulador, el vaivén sincronizado de las aletas. No es de extrañarse que muchos buzos experimentados se sumerjan para quedarse inmóviles, como si no quisieran existir allá abajo donde todo funciona sin la intromisión del hombre.

Este es el panorama a 15 minutos en lancha de la bahía de Taganga, población ubicada a media hora de Santa Marta. A medida que el bote se acerca más a la costa las cosas cambian: el agua se hace más turbia, la arena en el fondo se torna aceitosa y la vida, plena en mar abierto, tiende a desaparecer. El coral, principio fundamental del equilibrio marino, no existe en estas aguas.

Con estas imágenes en mente, la Fundación Prosperar, con el apoyo de una miríada de instituciones además del actor Víctor Mallarino (un hombre enamorado del océano) y su hermana, Helena, convocó a la Primera Expedición Subacuática Tayrona.

El ambicioso proyecto pretende realizar una jornada de limpieza de la bahía de Taganga el 13, 14 y 15 de agosto. Parte de la basura que sea extraída será entregada a una serie de artistas para que la intervengan y, del desecho se haga la belleza. La Fundación y sus socios buscan que al llamado de limpieza acudan aproximadamente 300 buzos certificados.

Las piezas, en la etapa final de la iniciativa (y tal vez la que generará mayor impacto), serán hundidas de nuevo en el mar para crear arrecifes de coral y así devolverle cierta vitalidad a las aguas de la bahía, duramente golpeadas por la presencia nociva del hombre, entre otras cosas.

La idea, en últimas, es crear una suerte de museo debajo del agua para no sólo atraer buzos y turismo a la zona, sino forjar una conciencia ambiental alrededor del cuidado del mar porque, como se pregunta Mallarino: “El medio ambiente no es infinito. ¿Qué pasa si no somos la especie predominante en el planeta?”.

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