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Ahora sí, reforma a la educación

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Dos eventos de la semana que entra marcarán las grandes líneas de la urgente y recientemente fallida reforma a la educación superior. Me refiero en primer lugar al Acuerdo Nacional por lo Superior, que construyó una propuesta de política pública para la educación superior durante tres años y con la participación de más de 30.000 colombianos, incluyendo instituciones, gremios, asociaciones y expertos. De la misma forma se lanza también el gran Acuerdo Nacional por la Educación, iniciativa de empresarios por la educación que fija una serie de metas, indicadores y propuestas concretas para el futuro de mediano y largo plazo en este tema.

Lo positivo de ambas iniciativas es que ahora sí se han integrado distintos actores y representantes de estudiantes, profesores e investigadores y del Gobierno. Aquí ya no vale decir que no se oyeron todas las voces. En dichas propuestas hay asuntos concretos referidos a los tipos de instituciones de educación que debería tener Colombia, prioridades en la agenda y grandes principios generales. Después del fracaso en el curso de reforma a la Ley 30, hay que celebrar esto como un buen avance.

Para el colombiano de a pie es refrescante que con estas propuestas nos acordemos del servicio que nos tiene sumidos en los últimos lugares de las pruebas Pisa, a ver si a través de la educación volvemos a permitir movilidad social y el mejoramiento de los ingresos y las oportunidades laborales.

Por ello caen muy bien las conclusiones generales de la reunión más grande de rectores universitarios en el mundo, que realiza quinquenalmente la red Universia y que ocurrió la semana pasada en Río de Janeiro, con asistencia de más de 1.200 rectores.

Como recomendaciones, es urgente lograr que el sistema de educación incorpore el componente digital al proceso formativo presencial. El uso de los cursos en línea ya no es una opción, prueba de lo cual son las experiencias exitosas de Harvard, MIT, Stanford y ahora las universidades de Iberoamérica vinculadas al proyecto MiriadX. Estos medios deben contribuir a satisfacer el derecho de las mayorías que no tienen acceso a la educación superior y nos permitirán superar fácilmente ese más de 50% de cobertura que propuso el Gobierno más allá de 2020.

Del mismo modo las oportunidades del intercambio mundial de estudiantes y profesores o la necesidad de ofrecer programas en inglés o la urgencia del bilingüismo en el nivel universitario no son oportunidades sino obligaciones. Quien no lo haga quedará excluido de esta nueva sociedad del conocimiento, en la que un profesional no bilingüe es prácticamente un analfabeta.

Hubo también en Río un llamado urgente a los líderes universitarios a un compromiso más activo en la construcción de cultura en la sociedad a través de una participación y debate crítico en el que brille la diversidad de ideas. No podemos caer en un sistema educativo que piense igual y menos que se quede callado ante problemas como injusticia, inequidad, pobreza y ausencia de valores y corrupción.

Finalmente se hizo un llamado a fortalecer la presencia de las universidades en los temas de innovación, emprendimiento y aprendizaje colaborativo. Se trata entonces de lograr que los sistemas universitarios sean capaces de “leer el río” de los cambios que les permitirán crecer con calidad y pertinencia. Por eso son bienvenidas las iniciativas que lanza el país esta semana, pero avancemos más rápido a lo concreto de las propuestas.


De postre

Expresé en la anterior columna preocupación por la ausencia de discurso y políticas ordenadas en materia de ciencia, tecnología e innovación, pero recientes acontecimientos elevan mis temores. El empeoramiento en el Índice Mundial de Innovación y las noticias de los medios, según las cuales Colciencias o parte de sus programas podrían terminar en los ministerios de Comercio o TIC, prenden la alerta.

La ciencia es mucho más que tecnologías de información y la innovación debe estar ligada a ella para que sea seria. Si en el tema no hay una verdadera propuesta de Estado coherente y madura, seguiremos de tumbo en tumbo y sin rumbo. Y la competitividad continuará en veremos.

*JOSÉ MANUEL RESTREPO ABONDANO

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