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La vigencia del oporto

Hugo Sabogal
02 de agosto de 2014 – 09:00 p. m.

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No se necesita mucho para convencerse de que el vino de oporto sí ha logrado mantener su vigencia cuando se tiene la oportunidad de probar, durante una misma degustación, un ejemplar de apenas diez años y otro de siglo y medio (aún vivo y expresivo). Y todo esto pasando por un imberbe de dos décadas y otro más adulto de media centuria. Esto no ocurre con la casi totalidad de los vinos.

Ante esta vivencia —cortesía de la Casa Taylor, del Duoro— no queda lugar para contradecir la sucinta explicación de Fernando Seixas, uno de sus embajadores, quien martilla frecuentemente el estribillo de que “el futuro del oporto está en el tiempo pasado”. Literalmente.

Durante años ha habido inquietud en el mundo del vino porque dos de sus más veteranos antecesores —el muy portugués oporto y el muy andaluz jerez— han estado perdiendo contundencia ante el embate de vinos jóvenes, frutados, frescos y, por encima de todo, económicos; vinos que aparecen y desaparecen del mercado al son de los gustos cambiantes de los consumidores (como sucede con las prendas de vestir).

Aquéllos, en cambio —para no traicionar sus orígenes—, han debido mantenerse fieles a su estilo de elaboración, que, de por sí, es engorroso y, por lo mismo, costoso, sin contar con que sus perfiles aromáticos y gustativos no encajan con facilidad en los paladares contemporáneos, por intensos, punzantes y oxidados (virtud más que defecto, en este caso) o, como en el caso del oporto, por su sensación azucarada.

Sin embargo, son justamente la acidez y el dulzor los dos componentes que hacen posible la longevidad, y el hecho de que puedan conservarse intactos durante generaciones.

Claro, no es lo que buscan hoy las modernas empresas vitivinícolas, preocupadas, no sin razón, por el retorno de lo invertido. Pero gracias al oporto y al jerez podemos entender el valor de permanencia del vino a lo largo de nuestra civilización.

Entonces, ¿cómo mantenerse vigente en las mentes de los nuevos consumidores, o sea, de aquellos que apenas entran en el juego y quienes, sin duda, serán los que mantendrán viva la cultura del vino? ¿Tal vez modernizando el líquido para hacerlo más apetecible? ¿O mezclándolo con bebidas de moda? Al parecer, nada de eso, aunque ha habido intentos de lanzar un oporto rosé, sin mayor éxito.

“En verdad, no nos interesa la clientela joven en su estado actual”, argumenta Seixas, generando un leve subir de cejas entre quienes lo escuchan. “Hay que dejarla que se encante con el vino y que descubra variedades, orígenes y estilos, porque más temprano que tarde, en su edad adulta, estos consumidores comenzarán a valorar los vinos por su esencia y complejidad. Y entonces nos encontrarán a nosotros, que existimos desde 1692”. De hecho, comenta Seixas, el mayor mercado de consumo del oporto está ubicado en la franja de los 35 a los 75 años.

El oporto, sin embargo, ya cubre una amplia gama de generaciones en Inglaterra, Holanda, Estados Unidos, Canadá, y últimamente en Brasil. Y ahora busca fortalecer su presencia en Colombia, justo cuando, según nuevos estudios, nuestra población se torna más vieja al ritmo del reloj.

Recordemos que el oporto, uno de los vinos europeos más importantes, es un fortificado. Esto quiere decir que la fermentación del néctar de la uva se interrumpe con la adición de alcohol vínico. En el caso de Taylor, este ingrediente proviene de las mismas destilerías que elaboran el coñac, pero cada productor selecciona el origen de acuerdo a su estilo y necesidades. Por eso el oporto queda con un porcentaje de dulzor —debido a que no todo el jugo se fermenta— y, a la vez, aumenta su nivel de alcohol a un 18% por volumen.

Sin duda, lo más interesante es que se acomoda a diferente estilos, dependiendo de la complejidad y el tiempo de añejamiento buscados. También se viste de fiesta con ediciones especiales, de acuerdo con la calidad de la cosecha.

En la mesa empalma bien con varias preparaciones y productos gastronómicos. Por lo general, se bebe al final de las comidas para acompañar quesos y postres, aunque el oporto blanco puede beberse como aperitivo. Dos de sus aliados más seductores son el chocolate negro y los cigarros.

Al margen de estos usos, el oporto es, como el champán, una bebida elegante y sociable, porque le da un toque exclusivo a cualquier ocasión.
¿Cuántos estamos ya en la franja del oporto? Seguramente no todos, pero ahí llegaremos.

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