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Mientras en algunos países hispanohablantes invocamos al “coco” para neutralizar el berrinche de un niño en la sección de helados del supermercado, en Japón basta decirle que está molestando a “Todos”. (Recomendamos más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).
La mirada de “Todos” se percibe en cualquier calle comercial de Japón, donde se dejan bicicletas aparcadas con la canasta llena de víveres o automóviles solitarios con el motor encendido mientras su dueño recoge ropa en la lavandería.
Más que su Código Penal (con pena de muerte incluida) o amenazas de largas estadías en un infierno budista de siete pisos, los habitantes del archipiélago son conminados a la virtud por el ¿qué dirán? (“Todos”), o, ¿cómo afectan mis actos? (a “Todos”). Por ser el juez implacable más temido por los japoneses, es lícito pensar que “Todos” podría reemplazar al Todopoderoso en una adaptación de la Biblia con personajes nipones. Sin embargo, el talón de Aquiles de “Todos” es su poder limitado para estar a toda hora, en todas partes.
Cuando numerosas poblaciones alrededor de la accidentada central nuclear de Fukushima fueron evacuadas en 2011 por el riesgo de radiación, se produjeron numerosos saqueos de residencias abandonadas, debido, según se dijo, a que los temerarios cacos estaban fuera del radar de “Todos”.
Algunos antropólogos atribuyen a la fuerza intimidatoria de “Todos” una de las estadísticas más insólitas de Tokio: la cantidad anual de millones de yenes en efectivo perdidos u olvidados en algún sitio y devueltos a sus dueños. La policía tokiota recibió en 2019 un total de 4,2 millones de artículos perdidos, en los que se incluyeron carteras, bolsos, billeteras o sobres con 3.900 millones de yenes en efectivo, o unos 34,2 millones de dólares.
Como la cantidad denunciada fue casi el doble de la devuelta, se cree que la otra mitad quedó en poder de personas fuera del alcance de la vista de “Todos”.
Para disculparse por el escándalo financiero provocado por su suegra, la exprincesa Mako renunció a los 1,3 millones de dólares que les corresponden a las mujeres que abandonan la familia imperial al casarse con un plebeyo. La dote es oficial y se paga con el dinero de “Todos”. De forma similar, varios partidos políticos japoneses anunciaron la inminente devolución de una generosa ayuda mensual para transportes y comunicaciones recibida por los parlamentarios elegidos a la Cámara Baja el pasado 31 de octubre, después de haber trabajado solo ese día.
Los legisladores tienen viajes gratuitos en aviones y trenes para regresar a sus provincias y, con internet, apenas usan el correo postal. Un diario pidió abolir el innecesario estipendio de una vez por todas. Y no tuvo que mencionar lo evidente: la petición se hacía en nombre de “Todos”.
* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.