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Ser víctima es vivir el miedo. Ser víctima es que el corazón duela. Ser víctima es saber de sufrimiento.
Ser víctima también es levantarse con el olvido hasta no comprender ni el amanecer. Ser víctima es no poder desprenderse de las memorias o de los resentimientos. Víctimas del abuso de otro, de un cercano o de uno invisible, de un amigo, de un enemigo. Como víctimas nos quitan, nos agreden, nos insultan. Somos víctimas del aventajado, del malo y del ignorante. Vulnerables ante lo imprevisto, somos víctimas del azar o de las causas de un añejo pasado. Víctimas de decisiones ajenas y vulnerables por desconocimiento, ingenuidad o pereza; víctimas por clara maldad y vulnerables por inocentes.
Ser víctima sucede sin aviso previo cuando irrumpen el desamparo y la indefensión. Y el abandono permanece cuando las consecuencias perduran por años, por siglos, como si unos fueran recorriendo el camino de la eterna víctima. Condición de desigualdad, condición de orfandad, condición de desprotección; todas condiciones de un círculo vicioso que se inicia en la ambición, en el orgullo o el desamor y se perpetúa en la injusticia.
Y, al parecer, hay condiciones de víctimas más complejas que otras, aquellas afectadas no por lo inútil de una rabieta de vecino sino por la malicia de quienes se imponen para obtener lo suyo y van por la vida adorando la venganza. Hay experiencias complejas y otras simples, todas igualmente difíciles porque, en últimas, víctimas somos todos. Incluso aquellos que se quedan en el silencio o en la complicidad, como si no fuera con ellos. Y víctimas también acaban siendo los victimarios que permanecen presos de fantasmas de sus malos pasos. Víctima es quien enjuicia, condena y patea al otro reclamando su derecho sin ofrecer su responsabilidad.
Víctimas somos todos de aquellas esclavitudes imaginadas por otros, de los inventos impuestos, de los espejismos de cada día, del sistema, de la pareja, del clima. Víctimas todos, pero el más víctima de todos es aquel que sin ser ciego no ve o sin ser sordo no escucha; aquél que se olvida de su corazón para hacerle el quite a la compasión. Sólo en la libertad y la expansión consciente de reconocer el valor, el derecho y el respeto del otro podremos deshacernos de nuestra condición de víctimas. Por ahora, casi todos heridos.
otro.itinerario@gmail.com