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Huele a Putin

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Las imágenes son desgarradoras. Los restos del avión de Malaysia Airlines que cubría el vuelo MH17 están regados por kilómetros muy cerca de un área poblada.

Tan sólo horas después de la tragedia, lo poco que había quedado de la nave ya había sido saqueado por delincuentes y por aquellos que no están interesados en que se sepa a ciencia cierta qué fue lo que ocurrió.

Sin embargo, este terrible incidente tiene a todas luces la huella del gobierno del presidente ruso Vladimir Putin. Agobiado por la débil situación económica de su nación y las guerras políticas internas, Putin ha decidido levantar el sentimiento nacionalista agrediendo a su vecino Ucrania.

Desde el pasado 21 de noviembre, cuando el gobierno de Kiev decidió darle la espalda a la asociación del país a la Unión Europea para darle espacio a más acercamientos con Rusia, quedó claro que todo era una nueva jugada en el ajedrez por el pulso entre Este y Oeste, reminiscente de la Guerra Fría.

El mandatario, a quien le gusta que lo llamen el “Guardián de los Rusos”, ha ayudado a las guerrillas ucranianas prorrusas a enfrentarse al ejército local. Apoyado en una histórica división nacional, fundamentada principalmente en el idioma, ya que esa región oriental del país habla mayoritariamente ruso, les ha entregado a los insurgentes hasta baterías de misiles antiaéreos de movilidad terrestre conocidos como BM-21 Grad, como queda confirmado tras el derribamiento del avión de pasajeros.

Por esto, a la luz de lo ocurrido, queda en ridículo la versión rusa de que aviones de combate ucranianos habían disparado al avión pensando que en él estaba el presidente Putin, cuanto todo el planeta veía sus fotos en Brasil durante la cumbre de los Brics y apoyando el proceso de paz en Colombia.

Ahora, es poco probable que Putin haya ordenado disparar contra el MH17. Sin embargo, es cierto que se hizo con sus armas y en un escenario de ganarle la apuesta al ejército de Ucrania derribando sus aviones de reconocimiento y combate.

También pudo haber sido un acto independiente de un soldado ruso o un rebelde separatista, pero en el fondo se convierte en una apuesta de todo o nada para Putin. O sale ganador manteniendo su línea, demostrándole al mundo y a la propia Rusia que el Kremlin es militarmente fuerte para ganar una guerra tradicional o económica, o pierde catastróficamente si Occidente toma más medidas para aislarlo totalmente.

Lo malo de apuestas como esta es que hay tiranos que hacen todo para ganar, incluso si tienen que matar a 300 inocentes pasajeros.

* Director de Noticias Caracol 

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