Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
No puede uno dejar de pensar en la condena que profirió la Corte Suprema de Justicia en contra del exministro Andrés Felipe Arias, condena que a todas luces parece exagerada, pues en este país sólo son sentenciados por tantos años los delincuentes que cometen asesinatos.
Ni siquiera los que han perpetrado masacres han tenido que purgar todos esos años. No soy amigo de Arias, lo he visto en unas pocas oportunidades en razón de mi oficio como periodista, y tampoco soy uribista como para defenderlo. Lo que me resulta extraño es que en el caso de Agro Ingreso Seguro, los que cometieron el crimen quedaron libres o pagaron unas condenas irrisorias, en tanto Arias fue condenado con una rigurosidad que tiene pocos antecedentes en la historia judicial de Colombia. Ni siquiera los delincuentes del carrusel de los contratos en Bogotá han recibido penas similares, y muchos de ellos inclusive gozan del beneficio de casa por cárcel, o aún están en la calle. Por supuesto que el proceso de Bogotá ha avanzado mucho, pero no deja uno de sorprenderse de las decisiones judiciales. La sentencia de Arias está bien fundamentada, es jurídicamente impecable y ciertamente, desde el punto de visto jurídico, es sólida. Sin embargo, y pese a lo allí expresado por la Corte, creo que Arias no se robó un peso. Incurrió sí en fallas graves al no haber sido más cuidadoso, pero no creo que eso diera para esa condena, teniendo la Corte la posibilidad de haberlo sentenciado a menos años.
Otro caso que está en el ojo del huracán es el de la contralora Morelli por el caso del posible detrimento patrimonial por más de 70.000 millones de pesos en el arriendo de las nuevas oficinas de la Contraloría. Volvemos a lo mismo. Sandra Morelli sería incapaz de robarse un peso. Es una mujer honesta y eso que nadie lo dude por un segundo. Pero, y viene el pero, pudo haber sido negligente en la contratación de esas nuevas dependencias. La Fiscalía la investiga y por lo tanto resulta temerario predecir el futuro de la contralora. Lo cierto es que durante su gestión le ha recuperado al país más de 2 billones de pesos, persiguiendo a los ladrones del erario. Queda por verse cuál es el futuro de la contralora, pero la cárcel no debería ser en ningún caso, pues mucho va de cometer errores en la administración pública a ser un delincuente.
Y el otro caso importante es el del alcalde Petro, quien tampoco sería capaz de robarse un peso, pero todo indica que durante su accidentada gestión muchos han aprovechado para meterles mano a los dineros del Estado. Sería lamentable que Petro acabe también preso por negligencia al no vigilar de cerca a algunos de sus colaboradores inmediatos. Así las cosas, el país debería repensar algunas cosas de su sistema penal que, ciertamente, tiene problemas y graves.
Notícula
Hablando de esto, qué injusta la condena en contra de Andrés Camargo, una condena por razones técnicas que la Corte Suprema de Justicia, no entendió.