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Ante los cambios climáticos, la pregunta que se hacen los ciudadanos es: ¿Tenemos algo que hacer o solo somos víctimas de un fenómeno global del cual no somos gestores y ante el cual nada podemos hacer?
Frente a la amenaza de El Niño o de La Niña y en general de los cambios climáticos que se manifiestan en climas extremos con sequías en algunas áreas, aumento de aguaceros torrenciales en otras zonas y cambio en el ciclo de las lluvias en casi todo el territorio nacional, los ciudadanos se preguntan: ¿Cómo tenemos que actuar, quién tiene que actuar? ¿Solo deben hacerlo el Gobierno Nacional y las corporaciones (CAR) o las alcaldías y los ciudadanos tenemos arte y parte en el asunto?
Todo parece muy confuso y ante la confusión prima la no acción. Empezamos a ser conscientes de que algo pasa, pero seguimos haciendo más de lo mismo. No tomamos acción para evitar que con nuestro actuar contribuyamos a acelerar el calentamiento global y el cambio climático, ni tomamos acción para aumentar nuestra capacidad de adaptación frente a la variabilidad climática. Esto nos hace cada día más vulnerables.
Como lo dice el 5º Informe Nacional de Biodiversidad ante el Convenio de Diversidad Biológica (2014) en Colombia, los impactos de la variabilidad climática asociados a la degradación ambiental se expresan en una mayor vulnerabilidad de los sectores productivos ante la transformación de la base biofísica del país. Un ejemplo es la destrucción de las cuencas hidrográficas en términos de regulación hídrica y estabilidad de los suelos, que en combinación con la acentuación de la torrencialidad, durante el período de excesos hídricos, contribuyó a que durante 2010-2011 se destruyera cerca del 14% de la red vial nacional y a que las inundaciones y crecientes asociadas a las “olas invernales” afectaran al 7% de la población colombiana. La elaboración del pasado Plan Nacional de Desarrollo (PND) 2010-2014 fue marcada por estos fenómenos.
El nuevo PND 2014-2018 parece que coincidirá con una gran sequía. A la degradación local se suma la dinámica global y su sinergia aumenta la vulnerabilidad ecológica y económica. Según el Análisis Ambiental de País adelantado por el Banco Mundial, ya en 2006 la degradación ambiental generó en Colombia un costo equivalente al 3,5% del PIB por costos asociados a inundaciones, derrumbes y degradación del suelo.
La infraestructura, la generación de energía, la producción de alimentos y la disponibilidad de agua para consumo humano son quizá las actividades que requieren más acción si no queremos pagar cada día un costo más alto por el cambio climático.
La respuesta a la pregunta ciudadana es que todos desde nuestros espacios y capacidades debemos actuar. No solo el Gobierno Nacional haciendo una mejor planificación para disminuir nuestra vulnerabilidad en el nuevo PND 2014-201; también las CAR y las alcaldías y nosotros como ciudadanos. Puntualmente debemos usar mejor el agua, trabajar para recuperar las cuencas hidrográficas y compensar a quienes conservan para beneficio de todos. Hay mucho trabajo por delante.