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La Tercera Vía: la vía de la reconciliación

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Tuve el privilegio de asistir al conversatorio sobre la Tercera Vía en Cartagena. En su conjunto, me pareció de gran trascendencia histórica: el espaldarazo a la valiente búsqueda de la paz de parte de tan importantes líderes internacionales constituye un tranquilizador mensaje, en especial para los escépticos y los enemigos del proceso. El presidente pidió a los exmandatarios que compartieran su visión sobre el momento que vive nuestro país y les pidió su consejo basado en las experiencias negociadoras y conciliadoras en sus países: Clinton en Oriente Medio y Ruanda, Blair en Irlanda del Norte, Felipe González con la Eta; Cardoso, el sociólogo humanista, por la pacificación económica de Brasil, al derrotar una astronómica inflación con políticas sociales, y Lagos, heredero de las heridas e infamias de la dictadura de Pinochet…

Para alguien que, como yo, no conocía la filosofía ni la ideología de la Tercera Vía, me quedaron claros varios conceptos, con los que comulgo:

– El lema “Tanto mercado como sea posible y tanto Estado como sea necesario”: lo interpreto como una especie de capitalismo social —humano— sin proteccionismo o asistencialismo excesivo: un Estado que no regala el pescado sino que enseña a pescar, pero que acompaña el proceso pedagógico en la búsqueda de la autonomía y el emprendimiento;

– Lucha contra los fundamentalismos de derecha o izquierda: los extremos. Se trata de transitar la ruta de la decencia, la sensatez y la ponderación;

– Se busca la eficiencia y la eficacia, se enfatiza en la transparencia y en la rendición de cuentas.

La conclusión más importante es el protagonismo que debe concederse a las víctimas (de uno y otro bando) para que sean aquellos que más han sufrido quienes legitimen los acuerdos que se consigan en La Habana. Los que deben decidir si se voltea la página y se llega al acto supremo del perdón, son las víctimas: no sólo el Estado ni tampoco las Farc.

Pero quizás lo que más me impresionó y conmovió fue el relato con que Santos concluyó su intervención: cuando se hicieron los primeros acercamientos con la guerrilla para el proceso de paz, su interlocutor directo fue el mismísimo Alfonso Cano. Al poco tiempo, el ministro de Defensa le informó que tenía las coordenadas donde se encontraba el líder guerrillero. Se había acordado que se continuaría negociando en medio del conflicto. El presidente dio vía libre y Cano fue dado de baja.

Semanas antes de la segunda vuelta, con el proceso de La Habana ya a pleno vapor, el presidente fue invitado a una reunión de ambientalistas. En la mesa asignada para él, le tocó a su lado un hombre que se le presentó como hermano de Alfonso Cano. Le dijo que respaldaba sus esfuerzos por conseguir la paz y que, en su condición de hermano, lo perdonaba por su muerte. Le dijo que seguramente él, desde el lugar donde se encontraba, lo estaba apoyando. Luego le pidió que se dieran un abrazo: “…se me llenaron los ojos de lágrimas”, dijo Santos.

Si esto es lo que representa la Tercera Vía: la vía del perdón, la reconciliación, la cordura, el fin —¡al fin!— del horror y del espíritu de venganza, me declaro matriculado en esta corriente.

Retomo las palabras de la primera dama, María Clemencia de Santos: “Yo no quiero un país en paz solamente para mis hijos y mis nietos… ¡quiero un país en paz también para mí!”.

*Álvaro Restrepo

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