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“Cuando oigo hablar de ciencia, quito el seguro de mi iPhone”

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Por Maximiliano Alzate* y Raúl Piamonte*

En respuesta al editorial del 10 de junio de 2021, titulado “La ciencia tiene ministerio, pero no una política seria”.

En “La ciencia tiene ministerio, pero no una política seria”, El Espectador hace funambulismo, ya que no critica directamente el mal gobierno, pero expresa veladamente las razones de fondo para la falta de respeto con la ciencia.

Ese gris equilibrio no es válido para discutir la crisis en la que se encuentra el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación. Por lo tanto, consideramos, como educadores y científicos, que la situación que describe el editorial es más estructural que coyuntural. Al igual que el editorial, pensamos que los nombres de Torres y Crissien son meros accidentes, como lo son el apellido Arboleda en el miti-miti; o el caso de Olga Duque —sí, otra Duque— de Ospina, quien al ser nombrada ministra de Educación (1996) aseguró que su única experiencia para el cargo era haber educado a seis hijos y que no se requería más para ser ministra; o el histriónico caso de Hernando Valencia Goelkel, quien en 1986 presidía Colcultura y consideraba inútil crear ópera en Colombia porque, dijo, “quien quiera ver ópera que se vaya a Nueva York o Europa…”. Son solo algunas anécdotas de la historia política que tienen el mismo valor de los patrones formados por la arena sobre metal, conocidos como figuras de Chladni, meramente demostrativas de un fenómeno. En este caso demuestran inopia mental e incapacidad de entender el rol neurálgico de la ciencia, lo que hace ya casi diez años denunció el neurólogo Rodolfo Llinás (2012): “A menudo las economías, políticas, gobiernos y ciertos grupos de interés están más interesados en el presente y en réditos inmediatos, que en el futuro, en la inversión y el desarrollo socioeconómicos a largo plazo. Sabemos que Colombia en conjunto replantea y asume un nuevo rumbo histórico”.

Pero a los cortoplacistas que se dedican a la política, al cambalache y que le contrapreguntan al periodismo “¿de qué me hablas, viejo?” les resulta muy arduo entender la importancia de la investigación científica en un mundo de complejidad sistémica y asumen que un ministerio es para anunciar becas o estimular la publicación de papers sin favorecer el desarrollo de la ciencia básica o la educación científica como tarea imprescindible para un sistema estructural de ciencia. Así lo señaló, a comienzos de este año pandémico, el doctor Luis Miguel Renjifo, vicerrector de Investigación de la Pontificia Universidad Javeriana, al resaltar que el trabajo en ciencia pura será fundamental para proyectar soluciones a largo plazo, lo que no fue posible con el COVID-19 por la escasez de tiempo.

Pidamos respeto al quehacer de la ciencia, exijamos que no manchen con sus pleitos burocráticos el avance de la ciencia y la eliminación de trancas politiqueras. Y a manera de hipótesis, confiamos en que un ávido burócrata no diga, parodiando a Hermann Goering, “cuando oigo hablar de ciencia, quito el seguro de mi iPhone”.

* Profesores. Centro de Ciencias Observatorio Astronómico Maximiliano Alzate, Cachipay.

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