Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Un elemento distintivo de la Región Caribe colombiana es su heterogeneidad. Ésta se manifiesta incluso en la temporalidad implícita en los nombres de los departamentos que la conforman en su parte continental. Mientras algunos de ellos hacen alusión a áreas geográficas o a ríos ya vigentes durante el período colonial, como Magdalena, Cesar, Atlántico y La Guajira, otros tomaron su nombre de héroes de la independencia, como Bolívar, Córdoba y Sucre, asociándose de manera más firme con el período republicano. Los intereses políticos y económicos intrarregionales también suelen entrar en pugnas coyunturales, lo cual genera inocultables tensiones puntuales que pueden afectar la visión conjunta de la región. Es por ello que connotados investigadores del Caribe han dicho que nuestro regionalismo es débil, ambiguo e intermitente.
A pesar de ello, dentro y fuera de la región existe el reconocimiento de ésta como área distinta del resto del país. Los habitantes del Caribe colombiano no se sienten unidos sólo por una mera proximidad espacial sino que, a pesar de su diversidad étnica e incluso lingüística, perciben que comparten fuertes nexos históricos y culturales. Los sentimientos de identidad de las gentes del Caribe colombiano también son algunas veces reforzados por las actitudes de actores políticos o territoriales externos a la región.
Barranquilla ha sido en el pasado un puntal de los procesos de integración regional. De hecho, allí tienen su sede Telecaribe y el parque Cultural Caribe, cuyas misiones en la comunicación y en la cultura fortalecen el proceso de construcción de región. Destacados investigadores barranquilleros como Gustavo Bell, Eduardo Posada y Adolfo Meisel en sus obras han proveído materiales que posibilitan la identidad regional y han facilitado la estructuración de una visión compartida acerca del pasado histórico, la historia económica y el legado cultural regional. De hecho, medios escritos como El Heraldo se presentan como “el diario líder de la Costa”.
En otros departamentos también se construye constantemente la idea de Región Caribe pues la vigencia de las regiones no está garantizada en el tiempo y ello requiere tanto de prácticas sociales como de elaboraciones discursivas.
Figuras como Antonio Hernández Gamarra o Amylkar Acosta Medina, el primero sucreño y el segundo guajiro, en el campo de la economía representan de manera destacada a otras subregiones del Caribe colombiano, para citar sólo dos ejemplos. Por ello, en días pasados un desafortunado editorial de El Heraldo de Barranquilla causó malestar en el Magdalena Grande, pues pasaba una especie de factura al Gobierno Nacional en nombre de la región, pero con exclusivos beneficiarios locales. Probablemente no hubo mala fe, sólo simple desconocimiento de la realidad regional, lo cual puede ser más grave. Por su importante peso demográfico, político y económico en la Región Caribe, no es conveniente que Barranquilla sustituya su visión regional por una perspectiva miope y aldeana. Mucho menos se deben desconocer las legítimas demandas que el resto de los departamentos del Caribe colombiano tienen respecto del Gobierno central. No está de más inspirarnos en la frase de Renán y recordar que la región es, como la Nación, un plebiscito diario.
Weildler Guerra Curvelo
wilderguerra@gmail.com