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Otra revelación

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El Mundial ha generado impactos colaterales. A la par que sobre la cancha los Rodríguez, Cuadrado y Ospina lucen sin par, en El Espectador ha surgido Juan Diego Ramírez. De prosa fluida, con innegables fortalezas literarias, este joven cronista deleita con sus columnas. Lo identifiqué el día anterior a las elecciones de segunda vuelta, razón por la cual se ahogaron entonces mis palabras resaltando el maravilloso relato que escribió ese 24 de junio sobre Cuadrado y su historia de vida. Día tras día produce un placer especial encontrar sus crónicas relatando una y otra cosa del deporte, marcadas todas por las señales de una pluma prometedora.

Bernardo Congote. Bogotá.

Juego político

Este Mundial 2014 en Brasil ha sido el de las impensables sorpresas; por fortuna, Colombia y Costa Rica lideran ese bálsamo de felicidad y orgullo patrio que tiene a estos dos países bañados en fútbol hasta los tuétanos.

Solo siendo campeón Colombia, logrará superar la gran gesta deportiva lograda por nuestros escarabajos que en bielas hicieron de Italia su casa en el pasado Giro.

Y por supuesto esperamos que así sea, para que este 2014 se plasme en la historia deportiva mundial nuestra Colombia, en la portada de los más importantes medios de comunicación del mundo.

Colombia es el onceno perfecto, la madurez de estos jóvenes y todo el cuerpo técnico, la mesura y sencilla manera de disfrutar sus triunfos, su comportamiento dentro y fuera de las canchas, como sus declaraciones sin triunfalismos a la prensa mundial, han sido la base, la mentalización, para rematar en el terreno de juego con su exquisito fútbol, siempre alegre, limpio, lleno de imborrables jugadas, hermosos goles y ganándolos todos hasta el momento contundentemente.

Hoy contra Brasil somos favoritos absolutos, a esto nadie le puede poner un manto de duda. Pero tenemos que ser realistas. Este partido tiene más tintes de la desgraciada mafia y la maquinaria política que de fútbol. El futuro político de la presidenta Dilma Rousseff, que aspira a la reelección, está en los pies de los jugadores; Brasil tiene que ganar o ganar; la situación de orden público, protestas, difícil situación económica y polarización política estallarán si Colombia logra la victoria.

No estoy justificando por anticipado una posible derrota de Colombia. Pero sí, con los pies bien puestos en la tierra, no dejo de pensar que por encima del fútbol está la decadente imagen de la presidenta brasileña, reflejada en todos los conflictos sociales presentados antes y durante el Mundial. Ojalá me equivoque, pero por estos asuntos que nada tienen que ver con el deporte se nos puede ir de las manos la Copa Mundo.

Raúl Moreno Sierra. Medellín.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.

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