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La violencia entre israelíes y palestinos ha vuelto a surgir en momentos en que los moderados de ambas partes buscaban de manera urgente una salida al conflicto. Desde el intento fallido de los Acuerdos de Oslo en los noventa, la comunidad internacional ha intentado relanzar el proceso, sin que hasta ahora se produzcan resultados visibles. No obstante, los avances modestos se encuentran hoy en entredicho por cuenta del asesinato de cuatro adolescentes, tres israelíes y uno palestino, y que podría terminar fortaleciendo a los sectores más radicales de ambos lados.
Este desencuentro comenzó con la desaparición de tres estudiantes israelíes: Eyal Yifrach de 19 años, y Naftali Frenkel y Gilad Shaer, de 16. Estos habrían sido secuestrados al norte de Hebrón cuando intentaban viajar haciendo autostop. Esta semana sus cuerpos fueron encontrados y de inmediato se desató una ola de indignación. En el plano militar, el gobierno de Tel Aviv ordenó el arresto de 400 militantes de Hamas y cinco palestinos fueron asesinados. El ministro de Defensa de ese país, Moshe Yaalon, señaló a esa organización como la responsable de lo sucedido. No obstante, cabe indicar que Hamas ha negado su autoría. A esto se suma la aparición del cadáver de un adolescente palestino, Mohammed Abu Khdair, de 17 años, quien habría sido asesinado como represalia, sin que hasta ahora se conozca responsabilidad alguna en su muerte. Esto ha terminado por desatar la cólera de decenas de palestinos, que han salido a las calles del este de Jerusalén a protestar contra el crimen.
En ambos lados el dilema respecto de las acciones a emprender es complejo. El gobierno de Benjamín Netanyahu se encuentra dividido entre quienes optan por una operación militar de envergadura como castigo a la acción de supuesta autoría de Hamas, y en contraste, algunos moderados temen por los efectos de una respuesta de ese tono, por la exacerbación de la violencia que podría suponer. Será difícil para las autoridades israelíes enfrentar la presión de ambos sectores en momentos de tanta indignación colectiva, y al mismo tiempo cuando existen esperanzas en el proceso de paz con los palestinos.
Por su parte, los palestinos esperan las represalias de Israel, y Hamas, directamente implicado en la reciente violencia, amenaza al Estado hebreo en caso de lanzar una ofensiva contra los territorios ocupados. La cadena de infortunios favorece las posturas radicales de ambos lados, en momentos en que el Islam está dividido por la situación de Irak y Siria, e Israel siente que la comunidad internacional, y especialmente Estados Unidos tiene un margen de maniobra limitado para socorrerlo.
*Mauricio Jaramillo Jassir, Profesor de la U. del Rosario