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Buitres

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Vivimos en mundo posinstitucional. Se dice que la democracia y las leyes son las instituciones liberales más representativas. Pero la crisis que comenzó en los Estados Unidos y Europa en 2008 ha resultado en la derrota de la democracia liberal y el Estado de derecho.

El liberalismo fue derrotado no por el socialismo, sino por el capitalismo.

Si hacía falta evidencia, ahí está la decisión tomada hace unos días por la Corte Suprema de los Estados Unidos en el caso de Argentina contra NML Capital, un fondo de inversión de los conocidos en el mundo financiero como “fondos buitres”. Su dueño es el multimillonario Paul Singer.

Al contrario del 95% de los acreedores de Argentina, deudor muy difícil, Singer y sus socios decidieron que nada importaban las vidas de los argentinos frente a su testaruda negativa a recuperar el total de la deuda que ellos habían comprado a otros deudores a precio de huevo.

El punto es que si en el capitalismo casino contemporáneo, bajo cuyas reglas funcionan los fondos buitres, comprar la deuda argentina constituía un alto riesgo, entonces correspondería a los inversionistas asumirlo. Si arriesgaban tanto, de acuerdo con las reglas, deberían estar dispuestos a perder otro tanto. La decisión de la Corte Suprema, liderada por el ultracatólico juez Antonin Scalia, una suerte de Ordóñez norteño, ha intervenido el mercado en favor de los inversionistas buitres al garantizarles que en cualquier caso jamás perderán.

La alta corte dejó en pie una decisión del tribunal de apelaciones que ordena a Argentina pagar el total de la deuda a NML. Los oficiales argentinos, que ya aceptaron negociar, alegaban que hacerlo implicaría la posibilidad de “una seria e inminente cesación de pagos”.

Pero la suerte de Argentina y sus acreedores no es lo único que está en juego en esta importante y desastrosa decisión. El fallo confirmado por la Corte hace que quienes se niegan a renegociar una deuda lo hagan en condiciones nunca peores que quienes lo aceptan, y en efecto mucho mejores. Los oportunistas fondos buitres que compran bonos de deuda a precios baratísimos no pueden perder.

Si la orden de la Corte es aplicable, entonces los países pobres y otros deudores no tendrían forma alguna de renegociar sus deudas. “Incapaces de reestructurarla, dichos países serían expulsados en forma permanente del mercado crediticio, con terribles consecuencias para el desarrollo y el crecimiento” globales. Esto dijo el antiguo jefe economista del Banco Mundial Joseph Stiglitz, en una opinión dirigida a la Corte que ésta decidió no escuchar, lo mismo que a los argumentos de varios gobiernos del mundo, incluido el de los Estados Unidos.

Se trata de un crimen contra el desarrollo cometido al amparo de la ley. Una ley tal, lo sabemos desde Nuremberg, no es justa y no puede ser llamada derecho.

*ÓSCAR GUARDIOLA

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