Julián Molina, el valiente de Andes, Antioquia

Se volvió en bicicrosista a pesar de haber perdido una pierna en un accidente cuando tenía siete años. Ahora enseña en su pueblo natal.

Julián Molina perdió su pierna izquierda en un accidente cuando tenía siete años. Ahora practica BMX freestyle y sueña con promover este deporte en el país. / Gustavo Torrijos - El Espectador
Julián Molina perdió su pierna izquierda en un accidente cuando tenía siete años. Ahora practica BMX freestyle y sueña con promover este deporte en el país. / Gustavo Torrijos – El Espectador

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El 27 de enero de 2006, a las 11:05 a.m., Rubén Darío Molina recibió una llamada de un número desconocido. Contestó y al otro lado de la línea le hablaba un funcionario del hospital de Andes, Antioquia, quien le avisaba que su hijo Julián había sufrido un accidente y debían amputarle la pierna para salvarle su vida. Esa mañana su hijo había estado montando patineta con unos amigos en las calles del pueblo y en un acto irresponsable Julián se lanzó por una bajada y no se fijó que venía un bus cruzando una de las calles y éste lo arrolló. Quedó en el piso sin poderse mover. Una de las pasajeras del bus bajó para alzarlo y llevarlo al hospital. “No se mire el pie, ya todo estará bien”, le decían. Pero él no se aguantaba el dolor y veía cómo su tobillo estaba destruido y sangrando.

La atención médica no fue la adecuada. Se demoraron mucho en tomar una decisión y a Julián se le gangrenó la pierna izquierda. “Pudo ser menos grave, pero desafortunadamente en Andes no contaban con las herramientas para darme un buen servicio médico. Así que era o perder la pierna o perder la vida”.

A los siete años Julián comenzó a construir su nueva vida. “La fuerza no proviene de la capacidad física, sino de la voluntad indomable”, es una frase de Mahatma Gandhi que día a día lo motiva a seguir siendo fuerte a pesar de que no todo sea fácil para él. Rubén Darío y Dalila, sus padres, han sido los primeros sorprendidos con el proceso de Julián, pues nunca se sintió diferente por su situación y los limitantes los convirtió en aliados.

En Andes estaba la fiebre por el BMX y él era feliz viendo a sus amigos montando bicicleta y haciendo piruetas. Comenzó a ver videos de los mejores del mundo en esta modalidad y un día decidió montarse e intentarlo. “Me sentía completo sobre una bicicleta. Sentía una energía y una adrenalina espectacular por hacer trucos y maromas diferentes. Aprendí que una caída no te hace peor, sino mejor y más fuerte”, le dijo a El Espectador este antioqueño que hoy en día es el orgullo de Andes, una celebridad. Cada vez que sale a las calles a montar la gente lo mira y lo aplaude cuando hace una rutina.

Su primera bicicleta la armó con los ahorros que consiguió vendiendo dulces y chicles en la plaza del pueblo. El marco le costó $1.000 y luego le tocó comenzar a comprar llantas, pedales, manubrio y cada uno de los elementos necesarios para que su bici pudiera rodar. Duró un año, hasta que por fin pudo comenzar a practicar en una bicicleta propia y adecuada para él, con un pedal único para la pierna derecha y un asiento más amplio que los normales.

El BMX se convirtió en su estilo de vida, y gracias a su historia sobre la bicicleta comenzó a recibir apoyos. Por ejemplo, el de un grupo de personas que le permitieron viajar a Estados Unidos para que le hicieran una prótesis especial, la cual se quita antes de subirse a la bicicleta, pero le ayuda para que se pueda desplazar sin muletas en su día a día.

Seis horas al día está entrenando en su bicicleta. Por la mañana le dedica tres horas, luego descansa en su casa y por la tarde nuevamente sale otras tres horas a ensayar nuevos trucos y a conocer gente que, como él, aman y viven por este deporte. Los domingos es el único día que no entrena porque aprovecha para ir a la plaza del pueblo para vender las artesanías que hace en sus tiempos libres y así conseguir recursos que le sirvan para mejorar su bici o para viajar, otra de sus grandes pasiones.

“No se rindan. Sigan adelante y si tienen un sueño luchen por él constantemente. Entre más duro es el camino, más grande es el premio. Hay que estar en constante lucha por lo que queremos y no dejarnos desanimar”. Ese es el mensaje de Julián, que tras levantarse de este brutal accidente, es feliz y sueña con poder crear un gran parque de bicicrós en su amado Andes. “Quiero ayudar a muchos pelaos que tienen talento y se pueden destacar en el BMX, pero no tienen los recursos. Yo tampoco los tengo, pero poco a poco vamos a ir creciendo. Mi primer gran alumno es mi sobrino Santiago, quien tiene siete años y siempre que lo veo me acuerdo de cómo era yo. Vamos por más”.

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