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Cuestión de mentalidad

El trabajo psicológico que hace Marcelo Roffé en la selección de Colombia les ha permitido a los jugadores crecer a tal nivel que se codean con los mejores del mundo.

Foto: EFE - Kai Försterling

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“La condición más importante para que un equipo sea un verdadero equipo y no se quede simplemente en un grupo, es que exista el propósito de hacer algo juntos”, asegura Marcelo Roffé, el psicólogo de la selección de Colombia y uno de los directos responsables de la evolución que ha tenido la mentalidad de los futbolistas en los últimos años. Su trabajo les ha permitido competir frente a los mejores equipos del mundo. “Los jugadores deben entender que primero es el equipo y después el yo”, agrega quien hoy en día es un miembro más del cuerpo técnico de José Pékerman junto a Eduardo Urtasún, Néstor Lorenzo, Patricio Camps, Pablo Garabello y Eduardo Niño.

Cuando Pékerman asumió como técnico de la selección nacional, hizo su debut en un partido amistoso frente a México en Estados Unidos. La imagen que dejó ilusionó a los seguidores del fútbol en Colombia, porque se vio a un equipo rápido, vertical, aplicado en defensa y agresivo en ataque. Era la confirmación de que la llegada de un técnico extranjero le iba a dar a la selección nacional un estilo más moderno y contundente.

A los cuatro meses llegaría su turno para debutar en un partido oficial frente a Perú en Lima. El fútbol no fue igual al de aquel día frente a los aztecas, pero el marcador favoreció a Colombia 1-0. Las críticas y dudas aparecieron, a pesar del resultado. Sin embargo, se daba una espera para una posible mejoría frente a Ecuador, partido que terminaría con derrota 1-0 y una muy mala imagen futbolística. “¿Qué pasó con el equipo que veíamos hace unos meses? Este no es ni la sombra”, se decía. La presión para el cuerpo técnico y los jugadores fue agobiante y las críticas fueron aún mayores cuando Pékerman decidió no jugar ningún amistoso en la fecha Fifa previa al partido frente a Uruguay en Barranquilla. Lo que no se sabía es que ese tiempo terminaría siendo determinante en el proceso.

Convocó a los jugadores en Madrid y aprovechó los días para hacer sesiones de entrenamiento específicas y para algo que sería aún más importante: el trabajo psicológico. Uno de los grandes aportes de José Pékerman a los jugadores de la selección fue el cambio de mentalidad, aspecto que obsesionó al técnico argentino a tal punto que acercó al equipo a Marcelo Roffé, un psicólogo especializado en el deporte con quien ya había trabajado en las selecciones juveniles de Argentina y en el Toluca de México. “Nosotros no teníamos estudios que nos permitieran conocer la concentración, el estrés del futbolista, lo que le sucede en casos extremos, y eso para mí era muy importante”, aseguró Pékerman en alguna rueda de prensa para justificar por qué llevó a Roffé a este grupo de jugadores.

En el juego de eliminatoria en Barranquilla se vería un nuevo equipo, con una mentalidad nueva, capaz de acorralar a Uruguay, campeón de la Copa América, semifinalista del Mundial de Sudáfrica 2010 y ganador del Mundial en 1930. Ese juego terminó 4-0 y gracias a eso los futbolistas creyeron en la importancia del trabajo psicológico: la motivación era tan necesaria como las horas de táctica y físico en un entrenamiento.

Las claves del discurso de Roffé fueron la concentración, la motivación, la autoconfianza, el control de las presiones, la cohesión del grupo y la importancia del líder. Se convirtió en algo así como en un mediador entre el técnico y los dirigidos. Aprovechó que era un grupo que tenía que llevar el peso de una selección que no clasificaba a un Mundial desde hace 16 años y utilizó herramientas para poner a favor todos esos aspectos que jugaban en contra. En los camerinos ubicó letreros con mensajes positivos, les hizo ver a los líderes del equipo la importancia de su rol y sobre todo se preocupó por crear un ambiente de familia.

Roffé asegura que “cuando hay confianza en el líder, hay lealtad”, y justamente eso es lo que ha logrado generar en los jugadores, quienes se rompen y dejan todo en la cancha y fuera de ella por su técnico. Todos los colombianos quieren hacer parte de la selección, no sólo por el estatus que da estar en ella, sino porque ven una familia tan acogedora que los invita a esforzarse para ganar un cupo. “En un festejo se ve la cohesión de equipo”, asegura el psicólogo argentino, y si se analiza ese detalle, en esta selección nacional se nota la unidad. Otras de sus funciones son potenciar el rendimiento individual y colectivo, prevenir y ayudar a aprender a controlar las presiones, trabajar contra el estrés y la ansiedad del plantel, además de aumentar la confianza del jugador.

Todo esto ha llevado a Colombia a un nuevo nivel, a convertirse en un equipo capaz de luchar de igual a igual con las mejores selecciones del mundo. Obviamente hay que agregar que este cuerpo técnico se encontró con un equipo mucho más profesional que el de años anteriores, en el que la mayoría juega en Europa y cuenta con formas de trabajo similares. Pero no es casualidad que en este Mundial se haya visto tan compacto en todos los ámbitos. “La esencia de nuestra propuesta es compartir experiencias y vivencias en el alto rendimiento que nos permitan reflexionar sobre lo que nos sucede y así mejorar conductas. Superar obstáculos, parece ser, entre otras cosas, la clave de una optimización del rendimiento”, confiesa quien silencioso, sin que las personas externas a la selección se den cuenta de su importancia, trabaja con esmero para poner a disfrutar a un país que ahora ve a la selección de una manera sólo comparable con la década del 90.

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