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Es fácil para los mercados financieros desestimar el último cese de pagos de Argentina como una anomalía. Hubo mucho con respecto a las batallas legales en las cortes de Estados Unidos, en la política del país y en sus repetidos ceses de pagos, a lo que resulta posible restarle importancia.
Hace falta más que un accidente latinoamericano para desequilibrar la calma actual, que logró construir una Reserva Federal de EE.UU. que aún es generosa.
La falta de cuidado, sin embargo, ha llegado al extremo. La resiliencia de las economías emergentes ha aumentado durante las últimas dos décadas, y los ceses de pagos soberanos fueron escasos durante los años posteriores a la crisis de 2007. Sin embargo, la tendencia puede estar cambiando. Los efectos del próximo accidente en una economía en desarrollo podrían ser más severos.
El cese de pagos del miércoles generará un daño significativo a Argentina, y posiblemente a vecinos cercanos como Brasil. Más allá de eso, no hay un motivo inmediato para que haya una preocupación más amplia.
La composición del índice diversificado mundial de bonos de mercados emergentes de JPMorgan, que se observa muy de cerca, demuestra cuánto ha mejorado la credibilidad crediticia de estos mercados. A comienzos de los años noventa, menos del 3% del índice tenía estatus de “nivel apto para la inversión”, que es el grado alto del espectro. Para el año 2000 había llegado a 35%, y a casi 70% a mediados de 2013.
La mejora reflejaba las poderosas fuerzas que impulsaron el auge de las economías emergentes, al menos hasta que se desató la crisis financiera de 2007. Estas fuerzas eran la globalización, aumento en la demanda de los commodities y crecimiento liderado por consumo del mundo desarrollado.
Las economías emergentes lograron controlar la inflación, aumentaron las reservas internacionales, avanzaron hacia tasas de cambio flexibles y redujeron la dependencia sobre la financiación en las monedas extranjeras. La zona problemática se volvió Europa: el cese de pagos de Grecia en 2012 fue la reestructuración de deuda más grande de la historia.
Pero incluso si se tienen en cuenta las dificultades de Europa y, de Argentina, las tasas de retornos siguieron siendo excepcionalmente bajas luego del colapso de Lehman Brothers, en 2008.
Hasta hace poco, el comparar los antecedentes de ceses de pagos de los gobiernos en el tiempo era difícil. Una impresionante base de datos nueva que hizo el Banco de Canadá, ha hecho más sencillo llevar la cuenta de los ceses de pagos soberanos y de la reestructuración de la deuda desde 1975.
Arroja que tan sólo un 0,1% de deuda pública sobresaliente hizo un cese de pagos entre el 2009 y el 2011, cuando la economía mundial estaba en caída libre. Las tensiones en los mercados de deuda soberana no fueron nada en comparación con las crisis de deuda de los años ochenta y noventa, cuando una serie de países europeos del este y de países en desarrollo cesaron pagos sobre préstamos bancarios y otra deuda. En 1987, la porción de deuda pública en cese de pagos llegó a una cifra alta de 5,6%.
Los recientes retornos sobre la deuda soberana también parecen modestos en comparación con la década de 1930, o los episodios de turbulencias en el siglo XIX, aunque las diferencias en los sistemas financieros y en las economías, más las dificultades para hallar datos confiables, teniendo en cuenta la inflación, hace difícil hacer comparaciones.