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Maduro sale muy poco de Venezuela. Su mandato está impregnado de paranoia, no confía ni en su sombra. A Maduro le quita el sueño y la tranquilidad el solo hecho de pensar ser capturado internacionalmente por los cargos que enfrenta en la justicia americana. Por eso viaja como un fugitivo, cambiando de aviones, apagando radares y sin anunciar ninguna agenda de trabajo. Sus travesías son más misteriosas que un guion cinematográfico de Wes Craven.
Así que, si Maduro sale de Venezuela, es porque debe atender un asunto de vida o muerte. Es por eso que su reciente gira a China no debe ser vista como una cruzada más de un dictador que busca auxilio frente a una crisis multidimensional, sino como un punto de inflexión en un proyecto intercontinental. Maduro estuvo 6 días en China, con una comitiva gigantesca y su visita fue antecedida por reuniones de alto nivel entre su vicepresidenta Delcy Rodríguez y altas autoridades del gobierno chino.
¿A qué fue Maduro a China? Maduro fue a China con la intención de hacerse de recursos frescos para poder afrontar el ciclo electoral que se avecina. La impopularidad del dictador venezolano es tal que ninguna encuesta de opinión pública le otorga más del 20 % de intención de voto. Por eso es imposible que Maduro gane una elección democrática y solo le queda repartir el botín, aún más, entre su círculo para amarrar apoyos y emprender un nuevo fraude contra la voluntad mayoritaria de los venezolanos. Fue a China a buscar más dinero y tanto es así que las plazas que visitó fueron las capitales económicamente más estratégicas del gigante asiático.
Sin embargo, la pregunta del millón de dólares es ¿por qué los chinos deciden recibir a Maduro con bombos y platillos, siendo Venezuela un país prácticamente arruinado, que además le debe a China 15.000 millones de dólares por préstamos otorgados en el pasado? La respuesta es compleja, pero tiene que ver con la geopolítica mundial. China se aprovecha de un Maduro débil para incrementar su influencia a América Latina y contrarrestar el liderazgo de Estados Unidos y Europa en la región. Para muestra de esto, solo hay que ver que el presidente chino Xi Jinping dejó plantado al presidente Joe Biden en plena cumbre del G20, y en simultáneo estrechaba la mano de Maduro como un símbolo de un relanzamiento de sus alianzas en el mundo.
A los chinos no les interesa invertir un centavo en una Venezuela arrasada por un modelo económico fracasado, pero sí les interesa la puerta de entrada que Maduro les abre a la región. Tanto es así que Maduro declaró al terminar su encuentro con Xi Jinping que China es la mayor fuerza de desarrollo de América Latina y llamó a fortalecer la alianza Celac-China. Todo esto lo argumentó antes de aterrizar en Cuba en la Cumbre G77+China, un bloque de países conformado principalmente por gobiernos antidemocráticos que buscan fortalecer el proyecto chino en el mundo. Es preciso destacar que a esta reunión asistió el presidente Gustavo Petro.
América Latina es un diamante en bruto para el proyecto hegemónica y expansionista de China: nuevos mercados, fuentes de energía, desarrollo de infraestructura y alianzas políticas contra Occidente y Taiwán son solo algunos de los beneficios que representa la región para China. En ese sentido, China ha hecho ingentes esfuerzos en tratar de mejorar sus relaciones con todos los países de la región, desarrollando una agenda diplomática y económica muy voraz. Se estima que el comercio de China con la región pasó de $12.000 millones en 2000 a $278.000 millones en 2017.
A lo anterior hay que añadirle toda la campaña sanitaria china durante la crisis del covid-19, cuando regalaron kits de pruebas y vacunas a todos los países de este lado del mundo. Igualmente, China ha reclutado a diversos cuadros en la región para que estudien en sus centros académicos, como parte de su programa de diplomacia de pueblo a pueblo, que incluye a gobiernos, partidos políticos, investigadores, científicos y militares.
En el marco de este interés latente de China por América Latina, Colombia juega un rol fundamental. Al ser una de las democracias más importantes de América Latina y un tradicional aliado de los Estados Unidos, se convierte en blanco de los objetivos chinos. De acuerdo con una investigación del Centro británico de Investigación Económica y de Negocios, la inversión China en Colombia se triplicó entre 2021 y 2022. Este informe señala que China actualmente desarrolla 38 proyectos en este país, entre los que destaca el Metro de Bogotá.
De manera que la visita de Maduro a China reviste un interés colosal para Colombia y el resto de las democracias en la región. Maduro, con el solo objetivo de preservar el poder, está entregando completamente Venezuela a los chinos, quienes buscan instalarse de manera definitiva en la región, para contaminarla con ideas antidemocráticas disfrazadas de inversión económica. A China no le importó en Venezuela que Chávez y Maduro destruyeran la democracia, más bien apoyaron con proyectos tecnológicos la concreción de un clima de censura en el país contra la prensa libre. Para Xi Jinping y las élites de Beijing la democracia es decorativa y una conquista occidental aberrante, su único interés es crear un nuevo orden mundial con el modelo chino como referente.
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