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A Brenda Olaya le bastó con sentir la dureza de la colchoneta para abstraerse de todo. Para ella, entrar a la arena de combate es “prácticamente una hipnosis”. Y con sus pies firmes en el suelo, antes de que decretaran el inicio de la pelea en la que iba a definirse la campeona del mundo juvenil —en la división de -78 kilogramos—, la judoca vallecaucana se olvidó de que la alemana Mathilda Niemeyer era la supuesta favorita para llevarse el oro.
Poco le habían importado esos rótulos en las rondas anteriores. Si ni contra la española June Moreno, la japonesa Kokoro Otawa, la francesa Lila Mazzarino o la brasileña Dandara Camilo se había sentido menos, ¿por qué iba a importarle en ese momento? Solo había una posibilidad ante sus ojos absortos: derribar a su contrincante. Sin embargo, en medio del trance apareció la ansiedad. Y con el paso de los minutos, los nervios, la desconcentración y las faltas leves casi le cuestan la pelea. Pero fue en uno de esos momentos, cuando parecía que el triunfo se le iba como arena entre las manos, que la oriunda de Jamundí trató de abstraerse de nuevo. Y en una jugada, cuando la mente se le aclaró por unos segundos, vio el camino para tumbar a la alemana. La maniobra, el ippon, le dio enseguida el título. Entonces vino el éxtasis: ¡20 años y ya campeona del mundo!
Pensó de inmediato en las suyas: su mamá, su tía y su abuela. Se le vino a la cabeza su papá, a quien conoció muy poco, cuando apenas era una bebé, antes de que muriera. Recordó a su padrastro y la niñez a su lado, cuando lo acompañaba a cargar bultos de cemento y pañetar paredes. Sin embargo, con la medalla ya colgada en su cuello, a la primera que llamó fue a su maestra, la campeona mundial y medallista olímpica Yuri Alvear. Al verla, en la videollamada, no pudo evitar emocionarse y le dijo una verdad que asegura mantendrá toda la vida: “Profe, esta medalla, en realidad, es suya”.
Olaya reconoce muchas virtudes de su maestra y por eso asegura que ha sido esencial en su camino. “Es mi referente y la admiro profundamente. Es una mujer que es demasiado disciplinada, responsable y perseverante. En los entrenamientos es muy exigente, pero eso es lo que más me ayuda porque trato de escuchar todo lo que dice. Ella fue la mejor del mundo en este deporte y eso hay que valorarlo”.
De hecho, al mirar atrás, recuerda que todo empezó con Yuri Alvear. Apenas tenía como ocho años el día en el que su tía la llevó a un evento en Jamundí. Esa tarde, a la medallista olímpica le iban a entregar una casa por sus gestas deportivas. Y entre el tumulto de gente que se agolpó para festejar a la heroína del pueblo estaba la pequeña Olaya, a quien su tía ese día le dijo, esperando que aquella escena algún día les tocara a ellas: “La voy a meter a judo”.
No fue una historia de amor a primera vista, pues durante años Brenda Olaya se resistió al deporte impuesto. Cumplía, pero por obligación. Porque era lo que quería su tía, y después también su mamá, y entendía los esfuerzos que hacía su familia. Comprendía el lugar del que venían y los anhelos que habían puesto en ella, aunque el judo no la entusiasmara. Era buena, siempre tuvo madera, pero imaginaba que podía estar para otras cosas: “Era muy intermitente. A veces iba, a veces faltaba. Hasta que una tarde, recuerdo, empecé a preguntarme cuál iba a ser mi futuro. Comencé, aunque me costó, a entender que tenía un camino, a coger madurez”.
#Judo 🥋 | ¡CAMPEONA MUNDIAL JUVENIL 🤩!
— Deporte Colombiano 🇨🇴 (@DeportColombia) October 5, 2024
Brenda Olaya se queda con el título mundial en la categoría de los 78 kilogramos tras una impecable actuación ante las mejores del mundo.
¡Celebra Colombia, que futuro tenemos con Brenda 💛💛💙❤️!
🎥: @Judo pic.twitter.com/JQUMf6IOHa
Y en ese trayecto fue fundamental Alvear, la mentora que empezó a pulir a la talentosa vallecaucana y que hoy la tiene en la casilla 21 del escalafón mundial, entre las mejores de la categoría de -78 kilogramos. “El año pasado fue mi último como juvenil, por eso el título mundial también representó mucho para mí. Este año, el objetivo es sumar más puntos y seguir escalando”, asegura.
Como juvenil, la joya del judo colombiano acumuló, además del oro mundial, un bronce de Copa del Mundo y siete oros en abiertos y copas continentales. Brenda Olaya, este año, fue considerada una de las mejores juveniles del deporte colombiano por el Comité Olímpico Colombiano, y en la gala se encontró con Tatiana Rentería, medallista de bronce en París 2024, cuya historia es similar, pero en la lucha libre. En efecto, Rentería, también vallecaucana, entró a la lucha siguiendo los pasos de Jackeline Rentería, doble medallista olímpica. Después de años de ser una promesa, en los últimos Juegos Olímpicos se subió al podio y hoy es una de las mejores luchadoras del mundo. Brenda Olaya vislumbra ese olimpo. Ya empezó a prepararse para los Juegos de Los Ángeles 2028, cuyo ciclo arrancó el año pasado. Dice que su gran objetivo es seguir los pasos de su maestra, llegar a las justas y darle al judo colombiano una nueva alegría olímpica.
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