Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Me genera entusiasmo la adhesión de casi todos los partidos políticos al proyecto del Pacto Histórico liderado por Gustavo Petro.
Sería muy ingenuo pensar que esta unión se ha dado exclusivamente por razones ideológicas y que no supone cuotas burocráticas o favores políticos. Más bien se trata de reconocer el momento político que está viviendo Colombia. Sólo los partidos más radicales se han negado a la posibilidad de construir país en alianza con el Pacto Histórico. Partidos como el Centro Democrático y Colombia Justa Libres, cuyos nombres nadie entiende porque no se corresponden con la práctica política ni la ideología que profesan.
Lo que estamos viendo es la confluencia de diferentes sectores políticos en torno a un mismo propósito: construir país. Los Estados demócratas más fuertes del mundo muestran la gran capacidad de diálogo entre representantes de las más diversas orillas políticas; en Colombia apenas estamos empezando este camino. Las grandes reformas que requiere el país serán posibles en este amplio pacto: impuestos progresivos, justicia social, redistribución de la tierra, aplicación del Acuerdo de Paz son sólo algunos ejemplos de los cambios que vendrán.
Sólo los sectores más anquilosados y estancados en la conformación de la historia en Colombia se rehúsan a estos cambios. Sorprende que incluso el Partido Conservador ha sabido leer la historia y reconoce que su vigencia depende de su capacidad de escucha de la diferencia y la actualización de sus principios (que no significa abandonarlos). Es curioso que aquellos que más se han favorecido del Estado manifiestan una rotunda negativa a los subsidios a las pequeñas y medianas empresas, a las madres cabeza de hogar, a la educación, entre otros. Pero no es difícil saber a qué se debe esa negativa, simplemente no quieren perder (ni compartir) sus privilegios.
Afortunadamente no todos los colombianos pensamos igual y tendremos, al menos los próximos cuatro años, la tranquilidad de expresarnos libremente sin miedo a que nos persigan o asesinen. Esa libertad que no hemos experimentado a lo largo de nuestra historia como nación.
Estemos o no de acuerdo con el nuevo Gobierno, lo cierto es que será la historia la que se encargará de legitimar al Pacto Histórico. Como colombianos tenemos la opción de contribuir al diálogo político o de oponernos rotundamente y sin argumentos. Tenemos la opción de generar esperanza o de fomentar el miedo. Podemos pensar en el bienestar de los ciudadanos colombianos o quedarnos defendiendo el interés personal.
Es claro que ciertos asuntos no se solucionarán en los próximos cuatro años, tales como la minería ilegal o el narcotráfico que generan a su vez masacres y asesinatos de líderes sociales, pero podemos avanzar hacia el respeto y la garantía de los derechos humanos y la promoción de nuevas políticas para acabar la minería ilegal y el narcotráfico. La evidencia muestra que los métodos utilizados por gobiernos anteriores han fracasado. Estamos ante la posibilidad de plantear formas diferentes que sean más eficaces.
Como colombiano tengo la certeza de que el Gobierno de Petro impulsará cambios profundos que permitirán la consolidación del Estado social de derecho del que habla nuestra Constitución Política. Pero esto no se logrará si seguimos alimentando miedos y odios en las personas o los empresarios.
Daniel Andrés Tapiero Triana.
Envíe sus cartas a lector@elespectador.com