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Si en algo coinciden los especialistas en ciclismo es en que Eddy Merckx es el mejor pedalista de todos los tiempos. Lo dicen quienes lo disfrutaron en vivo y en directo, entre 1964 y 1977, cuando corrió como profesional, pero también los que crecieron escuchando las narraciones de sus hazañas. También los que ahora simplemente revisan su palmarés, con casi 100 títulos generales, entre los que se destacan los de 11 grandes vueltas, 19 monumentos y tres mundiales de ruta.
‘El Caníbal’ corría todo y ganaba todo. Dominó a su antojo el ciclismo mundial a comienzos de los años 70 y dejó una huella imposible de borrar. Tanto que este miércoles 17 de junio, en su cumpleaños 76, es recordado y reconocido por dirigentes, entrenadores, periodistas y ciclistas, muchos de ellos seducidos por su leyenda.
Merckx se montó por primera vez a una bicicleta cuando tenía ocho años y el los alrededores de Bruselas se divertía rodando y soñando con emular a su ídolo, Stan Ockers, un belga que había sido segundo en los Tour de Francia de 1950 y 1952. Aunque desde muy chico tuvo claro que quería ser deportista profesional, sus padres eran recios con la disciplina y le exigieron asistir cumplidamente a la escuela.
Con el tiempo pudieron más su pasión y la terquedad con la que defendía sus ideas. A 16 años empezó a participar en pruebas aficionadas en Bélgica y a sacar provecho de su metro ochenta y dos de estatura para destacarse en el pelotón. Tanto que en
1964 recibió una oferta del equipo Solo-Superia, que lo fichó gracias a las 80 victorias que había conseguido, entre ellas un campeonato mundial aficionado.
Lo que hizo después como profesional no tiene comparación. Logró 825 victorias de etapas y cerca de 100 títulos en carreras importantes. Ganó cinco Tours de Francia y la misma cantidad de Giros de Italia, además de una Vuelta a España. Se quedó con cinco París-Niza, siete Milán-San remo, tres París-Roubaix, cinco Lieja-Bastoña-Lieja, dos Tour de Flandes, dos Tour de Lombardía, un Tour del Dauphiné y una Vuelta a Cataluña y una Vuelta a Suiza, entre muchas otras competencias.
Durante una década, la presencia de Eddy Merckx en los podios de las pruebas más importantes del ciclismo mundial fue algo habitual. Era un pedalista completo y ambicioso. Así fuera primero en la general, atacaba cada vez que podía. Eso sí, no fue ajeno a polémicas. Cuando dominaba el Giro de 1969 una prueba antidopaje en las etapas finales arrojó un resultado positivo por anfetaminas. Fue descalificado y sancionado. Aún hoy, él asegura que no se dopó y que ese título debió quedarse en su palmarés. La edición de ese año fue ganada por el italiano Felice Gimondi, decisión que abrió la hipótesis de un supuesto complot para que el trofeo se quedara en casa.
Semanas después Merckx cobró revancha al ganar sin atenuantes el Tour de Francia, con más de 17 minutos de ventaja sobre el local Roger Pigeon. En esa edición, el belga además de quedarse con el maillot jaune, ganó la clasificación por puntos, la de la montaña, la combinada y la combatividad.
En 2019, durante el Tour que conquistó el colombiano Egan Bernal, Merckx le concedió unos minutos a El Espectador y pronosticó el triunfo final del zipaquireño, al destacar su cualidad “atacar en la montaña sin mirar para atrás es un rasgo de los que creen en ellos, de los deportistas que se vencen a sí mismos y de los que saben que en el destino de su condición como seres humanos está enmarcada la eternidad”.
Merckx, número uno histórico del Salón de la Fama de la Unión Ciclística Internacional, cumple 76 años este jueves. Se retiró hace más de cuatro décadas, pero sigue y seguirá ligado a las bicicletas, al fin y al cabo, nadie ha sabido utilizarlas como él.