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De qué nos asombramos si los mandatarios casi siempre llegan apadrinados y con deudas pendientes con sus patrocinadores políticos, cuando no económicos.
Miren. El gran Rafael Núñez gobernó desde El Cabrero, en la ciudad de Cartagena, por medio de sus patrocinados, que no por ello dejaron de ser grandes, como decir don Miguel Antonio Caro o don Carlos Holguín. (Zaldúa se le rebeló y murió en el intento: el Senado, que era de Núñez, le negó el traslado a un clima más benigno, estando vencido por la bronquitis).
La sombra de Benjamín Herrera o de Guillermo Valencia cubrió candidaturas o mandatarios del siglo XX en sus primeras décadas, cuando no lo hacía la propia autoridad eclesiástica y política de monseñor Bernardo Herrera Restrepo, cuyo inmediato sucesor vaciló entre Valencia y Vázquez Cobo, dando lugar a la elección de Olaya Herrera.
Olaya cubrió a López y casi lo reemplaza si no se hubiera frenado la reelección del guatecano por un corto circuito intestinal que dio al traste con su vida (1937).
Mariano Ospina Pérez era de linaje presidencial (de estirpe, diría el mayorcito de Juan Manuel Santos) y había sido ministro y director cafetero, pero si Laureano Gómez no lo lanza y lo hace presidente, no hubiera llegado, no al menos en esa oportunidad del 46. Ospina se apartó un tanto de su mentor y recibió los correspondientes regaños (no tantos como Santos de parte de Uribe Vélez).
¿Quién hizo presidente a Misael Pastrana si no fue Carlos Lleras Restrepo, más la admiración de doña Bertha de Ospina por su talento joven y gran apostura? Y Pastrana no se les zafó.
Hay que abonarle al presidente Santos de hoy, quien habiendo sido hechura de Uribe, no se le sometió y cayó en la mayor desgracia que se haya registrado entre mentor y favorecido. En cierta forma el propio Álvaro Uribe, cuando carecía en absoluto de nivel presidencial, buscó el alero de los Santos, quienes lo ampararon desde su Olimpo.
Cierto, yo pienso que difícilmente Óscar Iván Zuluaga se atreverá a contradecir al expresidente que lo impulsa. Tal vez nos hallamos ante una mala réplica de Núñez (aquellos eran tiempos heroicos), quien hizo Constitución que duró cien años y se mudó de partido político, como también Uribe, quien hoy campea en la derecha y patrocina al conservador de origen, Óscar Iván Zuluaga, dentro de lo que ahora se llama, por un simple cambio de letrero: Centro Democrático.
En nuevo comercial, Santos les plantea a padres de familias pudientes el dilema de enviar o no a sus hijos a la guerra; entonces, que vayan los campesinos, les dice como regaño, pero deja ver que son éstos los que actualmente él, como jefe militar, está entregando a la refriega. Percibo un sabor de clase en el trasfondo de este aviso político.