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El sismo ocurrido hoy en Indonesia, a tan solo 18 kilómetros de profundidad, ha dejado un rastro de destrucción principalmente en las ciudades de Mamuju y Majene, situadas unos 36 kilómetros al norte y unos 60 kilómetros al sur del epicentro, respectivamente, y ha afectado al menos a ocho poblaciones más.
Según los últimos datos recabados por las autoridades, al menos 37 personas han perdido la vida y 637 han resultado heridas en estas dos ciudades, sin precisar el posible número de desaparecidos. El fuerte temblor, que duró entre cinco y siete segundos y que fue precedido por otro sismo de magnitud 5,9 más de doce horas antes, ocurrió a las dos de la mañana hora local y sorprendió a la población durmiendo.
Más de 300 casas y edificios, entre los que se encuentran hoteles, supermercados, una oficina militar y el despacho del gobernador regional, entre otros, han sufrido graves daños. Los medios locales informan de varias personas atrapadas en el hospital de Mamuju, que ha quedado prácticamente derruido a raíz del movimiento telúrico.
Ver más: Al menos 37 muertos y más de 600 heridos deja terremoto en Indonesia
El presidente indonesio, Joko Widodo, expresó sus condolencias por las víctimas del terremoto, así como de los corrimientos de tierra que dejaron al menos 24 muertos el pasado sábado en el distrito de Sumedang, en la isla de Java. El mandatario afirmó que ha dado instrucciones a los jefes de la agencia de desastres y de las fuerzas militares y policiales para tomar todas las medidas necesarias para encontrar a las víctimas y atender a los heridos.
Las autoridades advirtieron del riesgo de fuertes réplicas, por lo que pidieron a la población que evite los edificios altos que podrían derrumbarse ante nuevos temblores. El sismo también ha provocado el corte del suministro eléctrico y la caída de las comunicaciones, además de al menos tres corrimientos de tierra que bloquean carreteras así como la ruptura de un puente que dificulta las tareas de rescate y distribución de ayuda.
Los rescatistas utilizan sus propias manos para quitar algunos de los cascotes de edificios y se enfrentan a enormes retos por la carencia de excavadoras y otras maquinaria pesada.