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¿Quo vadis, Oscariván?

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Si yo fuera de ultraderecha, la verdad es que estaría de los nervios, y tanto o más desorientado que un esquimal en un salsódromo.

 ¿Hacia dónde va usted, ilustre Oscariván? ¿Quo vadis? Ahora resulta que la paz sí. Primero que no y ahora que sí. Como si fuera asunto de poca monta. Como si estuviera decidiendo sobre un tema tan poco trascendental como el color de las medias o el tono de la corbata: esta sí, esta no. Y ahora la paz sí. Se comprende que los votos frescos y aún calientes de Marta Lucía bien valen una misa, pero, ¡después de todo lo que ha hecho y dicho en contra! Resulta algo… indecoroso, y difícil de tragar incluso para sus propias huestes, acostumbradas por su jefe a engullir barras de acero hirviente cuando toca y a comportarse según esa frase del filósofo Cantinflas: “¡Ideas firmes pero sobre bases móviles!”.

Por eso, si yo fuera de ultraderecha, estaría confundido y con la sensación de haber dado patadas al aire. ¿Quiere decir entonces que ya no vamos a bombardear La Habana? ¿No era precisamente para torpedear el proceso de paz que estábamos espiando a todo el mundo? ¿No fue por eso que el jefe nos metió en todos esos líos de que si el fiscal era comunista, que si Santos era comunista, que si la revista Semana era comunista, en fin, que hasta el papa Francisco y Obama eran comunistas por apoyar el proceso de paz? ¿No fue por eso que pusimos a Pachito, al que también chuzamos, a decir que el video era un montaje? ¡Y ahora resulta que ya no! Caramba, ¿no se nos estará volviendo comunista Oscariván también? ¿No tendrá la camiseta del Che Guevara debajo de la corbata azul de metileno? Si yo fuera de ultraderecha seguiría en la canoa sólo si esto de la paz es una jugada de laboratorio con vistas a la retoma del poder, pero si de verdad llegamos a ganar, con la ayuda de Marta Lucía y de ese sector de la izquierda que piensa votar en blanco, quiero creer que usted volverá inmediatamente a decir que no a la paz, que ya no, que mejor sí a la guerra, y que sostenga que no se acuerda de haber dicho sí a la paz (¿Yo? ¡Nunca!) y pida que el procurador lo escuche en confesión secreta, como su jefe, y cambie de tema, y más bien anuncie, por ejemplo, el regreso triunfal de María del Pilar Hurtado de Panamá, anfitriona de la ceremonia de nombramiento de su nuevo director del DAS, Andrés Sepúlveda. Si yo fuera de ultraderecha este debe ser el futuro, o nada tendría sentido. Otra posible explicación a semejante despelote podría ser que desde el domingo usted ha estado recibiendo órdenes cruzadas. Antes era sólo Uribe, pero ahora son Uribe y Marta Lucía, y por eso suena a veces con la música del uno y a veces con la de la otra. ¡Y son músicas diferentes! Es el problema de un bafle con dos entradas y dos micrófonos.

Eso pensaría yo si fuera de ultraderecha, cosa que no soy, y por eso les dejo estas preguntas a sus votantes: ¿Son conscientes de la superficialidad con la que esta nueva e inesperada metamorfosis de Oscariván trata semejante tema tan delicado y doloroso para el país? ¿No oyen detrás de ese disparatado y cambiante discurso una carcajada macabra, burlándose de la verdadera paz que hoy se está construyendo en La Habana con el apoyo de muchos sectores de la sociedad civil?

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