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La paz no se detendrá si los amigos de ella hacemos un acuerdo programático serio, limpio, que asegure democracia creciente y vida digna para todos y todas en las próximas décadas. Los hechos reclaman dar este paso con total responsabilidad.
El acuerdo es preciso realizarlo entre la Unidad Nacional del Presidente Santos y un Frente Común que se constituya entre izquierdas, progresistas e independientes. Nótese que, en la primera vuelta, los votos de Juan Manuel Santos, Clara López y Enrique Peñalosa suman 49.19% y que los de Oscar Iván Zuluaga y Martha Lucía Ramírez están en el 44.77%. Los votos por la paz son mayoría. Es preciso hacer valer esa mayoría y acrecentarla.
Para ello es de inmensa importancia la participación en el entendimiento plural por la paz de movimientos sociopolíticos como la Marcha Patriótica y el Congreso de los Pueblos y de otras expresiones sociales con probada capacidad de articulación, movilización y opinión.
No se trata solamente de prepararnos para la segunda vuelta presidencial el 15 de junio próximo, sino de abrirle a Colombia otra posibilidad de futuro. En esto ha venido trabajando hace meses el grupo de facilitación que coordina el constitucionalista Armando Novoa.
Entre los puntos para el acuerdo amplio por la paz podrían estar los siguientes: Solución política negociada del conflicto armado interno y cumplimiento de acuerdos de paz. Profundización de la política de reparación integral de víctimas y restitución de tierras. Reconocer demandas sociales y construir propuestas políticas para responderlas. Medidas reales contra el clientelismo, la compra de votos y la corrupción política. Acción eficaz frente al paramilitarismo. Decisión de Reforma política enfocada al desarrollo de la institucionalidad democrática, incluida la supresión de la reelección presidencial. Nuevos proyectos consensuados de reforma sobre justicia, educación y salud. Plan de desarrollo concertado en función de objetivos sociales y ambientales, reformulación de Tratados de Libre Comercio, política de recursos naturales coherente con el interés nacional. Participación decidida en la construcción de la integración latinoamericana.
La paz no se detendrá si los movimientos insurgentes mantienen su postura de dialogar para llegar a acuerdos y si se avanza en el desescalonamiento del conflicto, las treguas unilaterales y el cese bilateral de fuegos. Es preciso que se culminen con éxito los diálogos con las FARC-EP en La Habana y que se entablen a la mayor brevedad los diálogos de paz con el ELN y el EPL. Hay que alejar el peligro de la paz parcelada que solo significaría la continuación de la guerra.
La paz no se detendrá si se consolida una verdadera política de paz de Estado procurando el más amplio consenso posible sobre este asunto vital entre fuerzas sociales y políticas y entre los poderes del Estado. Al respecto puede jugar un papel definitivo el Consejo Nacional de Paz próximo a convocarse, en particular si se dinamizan los Consejos Departamentales y Municipales de Paz para que se afiance el sentido territorial de la paz.
La paz no se detendrá si los que estamos convencidos de ella en el país capitalizamos el enorme apoyo que el proceso ha ganado a nivel internacional en numerosos países, en nuestros vecinos, organismos supranacionales, Estados Unidos, la Unión Europea y las Naciones Unidas. No entendería el mundo que Colombia retroceda en un proceso que está tan avanzado y próximo a cerrar 50 años de confrontación.
La paz no se detendrá si el país asume la terminación del conflicto armado interno no como un ingreso de los insurgentes al statu quo sino como una transición de todos a más política y mejor política.
lucho_sando@yahoo.es / @luisisandoval