Publicidad

Beneficios de la apertura

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Después de que Cochise Rodríguez y Rafael Antonio Niño abrieran trocha en Europa, en los años setenta, el ciclismo colombiano pareció consolidar una presencia internacional de primer nivel con Lucho Herrera, Fabio Parra y compañía, a partir de los años ochenta.

Sin embargo, el triunfo de Herrera en la Vuelta a España de 1987, el segundo lugar de Parra en el Tour de Francia de 1988 y en la Vuelta a España de 1989, varios triunfos de etapa y el campeonato de la montaña en las tres principales carreras no pasaron de constituir un resplandor que no se habría de mantener en los años subsiguientes.

Por supuesto, hubo algunas actuaciones notables, como las de Santiago Botero, particularmente su campeonato mundial de la contrarreloj individual, que obtuvo en la localidad belga de Zoldeg, en 2002.

Pero sólo después de dos décadas vuelve el ciclismo colombiano a brillar con fuerza con un grupo grande de corredores. La medalla de plata en los Olímpicos de Londres y el segundo lugar de Rigoberto Urán en el Giro de 2013, y el segundo lugar de Nairo Quintana en el Tour de Francia de ese mismo año, además de actuaciones notables de otros ocho corredores más, señalan que este resurgimiento no va a ser flor de un día, sino muestra de que aquí lo que hay es un cambio estructural que merece ser analizado.

¿Qué explica este resurgimiento? No es fácil decirlo, pero pueden ser tres las razones. En primer lugar, una explicación por la vía negativa. Durante las últimas dos décadas el ciclismo colombiano pareció haber sido uno de los grandes perjudicados por los químicos y los fármacos que penetraron el ciclismo mundial, especialmente a los equipos norteamericanos, como la desfachatez de Lance Armstrong, quien a punta de doping ganó siete tours de Francia en forma consecutiva. Pero, como Armstrong, decenas de ciclistas más se vieron envueltos en episodios de dopaje. Aunque no se comprobó su participación, infortunadamente, el mismo Santiago Botero fue involucrado por la UCI en la tristemente célebre Operación Puerto, pero, en general, nuestro ciclismo parece haber escapado a dicho flagelo.

En segundo lugar, la consolidación de la nueva generación de ciclistas parece indicar que corredores, entrenadores, patrocinadores y dirigentes finalmente entendieron que la apertura de Colombia al mundo llegó para quedarse y que, por eso, había que tomarla en serio. Eso implicaba enviar a los ciclistas prometedores a correr a Europa desde muy jóvenes, vincularlos a equipos de marcas internacionales y aclimatarlos en buenos hábitos de entrenamiento y de alimentación.

En tercer lugar, la apertura al mundo tuvo el doble efecto de evidenciar, tanto las fortalezas de los ciclistas colombianos en la montaña, como sus carencias en las carreras planas. Cuando la Vuelta a Colombia era el único universo de referencia para nuestros ciclistas, el éxito dependía del esfuerzo individual de los escaladores. Europa enseñó, por el contrario, que para ganar había no sólo que defenderse en todos los terrenos, sino que el trabajo en equipo era tan importante como las capacidades individuales.

Quizá los triunfos internacionales de esta nueva generación de jóvenes ciclistas pueda convertirse en una gran metáfora para que, en todos los órdenes: los políticos, empresarios, académicos y analistas entiendan que, para progresar, Colombia necesita abrirse al mundo y aceptar sus desafíos. El medio metro nacional no puede seguir siendo nuestro punto de referencia.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido