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Comparaciones

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Magnífico libro de Jorge Barraza sobre el fútbol de antes y el de hoy. Pletórico de anécdotas, remembranzas y comparaciones entre el juego que se disfrutó hace unos años y el que se practica hoy en los diferentes campos.

Los de antes tenemos la vocación de pensar que todo tiempo pasado fue mejor y que difícilmente se volverá a ver jugadores y equipos de los que se disfrutó en los años mozos. Además se tiene la posibilidad de comparar por haber vivido muchas etapas. Los de hoy, internet incorporado, carecen de elementos evaluativos, pues al no haber visto el fútbol de ayer no existen referencias o puntos de comparación.

El enunciado sirve de introducción a una pregunta que recibe el cronista permanentemente: ¿esta selección de Colombia o la de Italia-90?

Aquella, que fue al Mundial de la bota itálica, tenía jugadores sin referencia en el fútbol de hoy. La clase de Valderrama, la capacidad asociativa de Bernardo Redín, un jugadorazo al que nunca se le reconoció lo importante que fue como “socio de todos” y que potenciaba notablemente el rendimiento de El Pibe, la capacidad de marca que mostraba Leonel Álvarez… Tal vez aquel equipo del 90 no tenía tanto potencial ofensivo como el de hoy, pues la soledad ofensiva de Iguarán resultaba desconcertante por momentos. Cómo negar la categoría de Higuita en el arco y de Perea en la defensa, con aquellos marcapuntas que subían y bajaban en altísimo nivel.

Aquel equipo del 90 todavía no había sido tocado por la maligna influencia del “egocentrismo”, la prepotencia, arrogancia y la petulancia que desbordaría todos los limites cuatro años después y conduciría al mayor fracaso histórico de la selección. Todavía no había clanes entre negros y blancos, todavía no había aquella desconcertante discriminación entre “amigos y enemigos” que pregonó y manejó el cuerpo técnico en EE.UU. y que en Italia nunca se vio porque el entorno era unido tras la selección.

Aquel equipo pasó la primera ronda y todos esperan que el de Pékerman también lo consiga. Los jugadores ya están metidos en el cuento y a partir de ahora se tiene que acabar la firmadera de autógrafos en centros comerciales, las despedidas “comerciales” por fiesta de los patrocinadores, ese sentimiento de que están en otra cosa. Allá, lejos del mundanal ruido, el técnico argentino tiene que recomponer mecanismos defensivos totalmente perdidos, relevos y bloques de presión, apoyos y doblajes de marca, definir un estilo y encontrar los mejores elementos para cumplir con las misiones tácticas.

Por ahora, mientras este equipo no pase de la primera ronda, el mejor equipo fue el del 90. Barraza tiene razón: los de antes siempre creemos que ayer se jugaba mejor.

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