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El rojo y el blanco pintan el mundo durante unos días de febrero. Con la excusa de San Valentín, las estanterías de supermercados se llenan de productos en estos colores para celebrar el amor. La paleta de colores que hemos asociado en occidente a este día se toma las decoraciones y escaparates, creando un mar de colores vivos para celebrar el 14 de febrero.
El origen de esta fecha festiva, en la que las rosas, los corazones y los cupidos son las figuras preferidas, no ha sido identificado con certeza. Hay quienes lo asocian con los antiguos romanos y la festividad conocida como Lupercalia. Otras teorías apuntan a santos católicos.
En la antigua Roma, esta fiesta, relacionada con la fertilidad, se celebraba a mediados de febrero en honor a la diosa romana del matrimonio, Juno. Durante este festival se llevaban a cabo diferentes rituales, como, por ejemplo, uno en el que los hombres sacaban de una urna el nombre de una mujer que sería su “pareja” durante la duración del festival, de acuerdo con la National Public Radio (NPR).
Sin embargo, con la llegada del cristianismo, la festividad comenzó a ser asociada con el martirio de dos santos llamados Valentín, cuyas ejecuciones se llevaron a cabo el 14 de febrero de años diferentes. “Una característica clave del Imperio Romano bajo el emperador Claudio fue el constante estado de guerra. El Emperador desaprobaba firmemente cualquier tradición que empujara a hombres y mujeres a contraer matrimonio, porque, en lo que a él concernía, el deber del hombre era luchar. Los jóvenes solteros eran luchadores ideales, ya que no tenían familia que los distrajera. Entonces, Claudio decretó que tanto los compromisos como los matrimonios estaban prohibidos. A pesar de esto, varios sacerdotes continuaron cumpliendo la alianza cristiana del matrimonio. Valentín fue uno de esos sacerdotes.
Cabe señalar en este punto que hubo varios santos cristianos primitivos llamados Valentín, pero la historia que persiste hasta el día de hoy es la asociada con San Valentín de Roma, que vivió durante un período de intensa persecución cristiana”, menciona el portal The Irish Place.
Así como esta celebración tiene orígenes paganos y religiosos, los colores asociados a esta fiesta también se pueden enmarcar en estas dos categorías. El rojo, por un lado, se asocia con la sangre, en particular, la de los animales sacrificados durante el festival romano, que se creía que tenía propiedades que mejoraban la fertilidad. Por otro lado, es el color seleccionado por el cristianismo para representar el martirio y el sufrimiento. El tono específico que se populariza actualmente es el conocido como Rosso Corsa, que junto con el Blanco Titanio cubren las tarjetas para este día y llevan a pensar en corazones y cupidos. Pero las historias y orígenes de cada uno de ellos van más allá de las creencias y los festivales.
Rosso corsa, el rojo de la carrera
Si uno busca el código del rojo de las tarjetas de San Valentín, se encuentra con que no está solo asociado a los corazones o labios, también se relaciona con los carros de carrera, especialmente aquellos de Ferrari. La traducción al español del nombre italiano de este color sería: rojo carrera. Justamente en una carrera de autos es donde comienza esta historia.
Era 1907 cuando el diario parisino Le Matin publicó estas palabras en su edición del 31 de enero: “… Hacemos esta pregunta a los fabricantes de automóviles en Francia y en el extranjero: ¿Hay alguien que se comprometa a viajar este verano de París a Pekín en automóvil? Sea quien sea, este hombre duro y atrevido, cuyo valiente automóvil hará que una docena de naciones observen su progreso, sin duda merecerá que su nombre se pronuncie como sinónimo en los cuatro rincones de la tierra…”.
Hubo varios que se le midieron al desafío. Uno de ellos fue Prince Scipione Luigi Marcantonio Francesco Rodolfo Borghese, un aristócrata italiano que compitió contra otros cuatro equipos en esa carrera por arribar a Pekín en auto. De acuerdo con Cassia St. Clair, autora de “Las vidas secretas de los colores”, como buen italiano, Borghese “quería que su automóvil fuera un producto de su país. La tecnología aún estaba en desarrollo, el primer carro jamás construido tenía apenas 21 años, y las opciones eran pocas. Borghese eligió un modelo ‘poderoso, pero pesado’: 40-HP Itala, de Turín, el cual pintaron de un color rojo amapola”.
El premio que Le Matin ofrecía era una caja de Champaña Mumm y el honor nacional. Sin reglas, la competencia siguió su curso. Aunque Borghese tuvo que hacer un desvió largo hacia San Petersburgo para cumplir con sus deberes principescos y asistir a una cena en su honor, igual ganó la carrera. “Después de la comida, recorrió varios cientos de kilómetros hasta la ruta de la carrera y continuó su viaje. Dadas las distancias incomprensibles y las velocidades terriblemente lentas para los estándares actuales, la carrera estuvo más reñida de lo que difícilmente se podría creer. El príncipe Borghese y su Rosso Corsa Itala ganaron por apenas una hora. Después de una carrera total de 9.317 millas y 61 días, sólo 60 minutos lo separaron del segundo clasificado, escribió Adam Kaslikowski.
A su retorno, el honor nacional no solo incluía el reconocimiento de sus connacionales, la victoria de Borghese hizo que el color que había elegido para su vehículo se convirtiera en el tono que los carros de carrera italianos y marcas como Ferrari utilizarían en adelante, una tendencia que se mantiene hasta el día de hoy.
Blanco titanio, el pigmento que destronó al blanco plomo
Durante siglos hubo un pigmento blanco que se estableció como el predilecto entre artistas: el blanco plomo. Aunque sus bondades para los artistas y la pintura eran varias, tenía una desventaja: era letal para los humanos. Su presencia en la paleta de artistas comenzó a disminuir cuando comenzó a popularizarse un nuevo pigmento que lo destronó, el blanco titanio.
Derivado de los minerales anatasa y rutilo, este color debe su tono al dióxido de titanio y, aunque fue descubierto en 1821, pasaron 95 años antes de que se pudiera producir en masa. De acuerdo con el portal The World Art News: “la invención del blanco de titanio no puede atribuirse únicamente al Dr. Auguste J. Rossi. La contribución de Rossi radica en su función de consultoría para Titanium Alloy Manufacturing Company tras su traslado a Estados Unidos. Posee numerosas patentes, que datan de 1898, y cubren titanio, óxido de titanio y blanco de titanio. El depósito oficial de patente para la producción en masa de color blanco titanio se remonta a 1913”.
Originalmente, este pigmento no se utilizó en pinturas. Su uso principal era para esmaltes amarillos en cerámicas y hasta la década de 1890 los artistas comenzaron a hacer uso de este color en sus obras. De hecho, de acuerdo con el artículo de Giancarlo Graziani y Salvatore Prato, se han encontrado pruebas del uso de este pigmento en obras de Camille Pissarro, John Singer Sargent y Paul Cézanne.
Aunque se ha creído que el blanco titanio comenzó a aparecer en pinturas a partir de la década de 1920, los autores del artículo sostienen que este malentendido se debe a una confusión en cuanto al desarrollo de la producción en masa del pigmento. Por ejemplo, “en el cuadro de Liubov Popova ‘Bandeja, cuenco, fruta, 1915′, se identifica un pigmento blanco compuesto (que consiste en blanco de zinc, blanco de plomo y blanco de titanio). Este pigmento blanco compuesto, utilizado tanto para la base como para los elementos visibles, se prepara con pigmentos de artistas (blanco de zinc y blanco de plomo) con una pequeña adición de blanco de titanio”.
Cuando se comenzaron a ver los efectos de la toxicidad del blanco plomo, tanto para usuarios, como para los productores, el gobierno francés impulsó el cambio hacia un pigmento menos letal a finales del siglo XVIII. Graziani y Prato sostienen que, durante un tiempo, en el siglo XIX, el blanco de Zinc ganó popularidad, pero que “carecía de la blancura y densidad del pigmento de plomo. La combinación de estos dos pigmentos y la adición de una pequeña cantidad de Blanco Titanio no solo mejoró el brillo y la opacidad de la mezcla, sino que también solucionó estas deficiencias”. Así, y con la producción en masa de este pigmento, el blanco titanio no solo se apoderó de la paleta de los artistas, también del mundo.