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Santa es la tierra que visitará el papa Francisco en los próximos días, santa para las tres religiones monoteístas: judaísmo, cristianismo e islam, plena en lugares sagrados, y a la vez que santa, es un campo minado para cualquier visitante, máxime si se trata del sumo pontífice de la Iglesia de Roma.
Cualquier gesto, palabra o expresión que revele el papa puede tener efectos negativos, alienar a uno u otro credo o causar un altercado diplomático, por lo que los detalles de esta muy corta visita están cuidadosamente previstos.
Francisco llega a la cuna de Cristo, la región donde cristianos, judíos y musulmanes han compartido una turbulenta historia, en ocasiones bañada en sangre, en otras en incesante animadversión, donde la armonía entre estas religiones que predican la paz ha sido precaria. Como telón de fondo aparece el fracaso, otro, del reciente proceso de paz de Obama.
El papa argentino aún goza su luna de miel, es un consentido de los medios y su año de pontificado ha estado marcado por gestos, que no por grandes cambios aún, que aparecen como una bocanada de aire fresco en el Vaticano, razón por la cual tanto Israel como Palestina le dan suma importancia a la visita, de la que tratarán de extraer lo máximo.
El papa llega a Belén en helicóptero, directo desde Jordania, donde lo espera una misa en la plaza de la Natividad y un almuerzo con palestinos seleccionados por las autoridades para que le compartan sus penurias. Visitará igualmente un campo de refugiados. En toda la papelería de la visita, el Vaticano hace referencia al “Estado de Palestina”, en vez de “territorios palestinos”, como quisieran sus anfitriones israelíes.
En Jerusalén, Francisco será recibido por el presidente Peres —quien deja el cargo en pocos días—, colocará una ofrenda floral en la tumba de Teodoro Herzl, fundador del movimiento sionista, lo que ha enfurecido a sectores palestinos, mientras que la misa que tiene planeada en el Cenáculo, lugar de la última cena de Cristo, ha enardecido a sectores radicales judíos, para quienes ese lugar es la tumba del rey David. El Cenáculo representa un espinoso punto de contención entre Israel y el Vaticano.
Francisco, como es usual, ha rechazado viajar en un vehículo blindado, lo que impone un serio desafío a los organismos de seguridad. Lo muy corto y coreografiado de la visita da a entender que, aunque es imperativo que todo sumo pontífice visite Tierra Santa, lo que desea el Vaticano es dejar esta “tarea” atrás sin herir susceptibilidades. Prueba de fuego para el obispo de Roma.