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Necesario prevenir otros más

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La muerte de los niños de Fundación es un llamado a las autoridades a tener un mayor control sobre los vehículos que transitan por nuestras carreteras. Justifican la falta de control diciendo que no hay manera de hacerlo sobre todos los buses y busetas que transitan: es necesario encontrar un mecanismo más eficiente.

Bien podría ser un chip que permita que en las carreteras se detecte quién ha cumplido a cabalidad con todas las normas y exámenes para que pueda transitar sin ningún problema. E igualmente podrían imponerse grandes castigos, como ha sido en el caso de quienes conducen bajo los efectos del alcohol, que han vuelto más responsables a los conductores.

En este caso, el bus operaba con varios problemas: no tenía SOAT, ni revisión técnico-mecánica vigente, transportaba ilegalmente tanques con gasolina y tenía sobrecupo. Nadie lo paró y los más afectados tampoco lo cuestionaron.

En esta muerte hay muchos responsables y es preciso que se identifique a cada uno de ellos. El dueño del bus es el primero, pues no debería transitar, y menos arrendar, una buseta con fallas mecánicas que no cumplía con las normas. Adicionalmente, el conductor contratado por el dueño para manejar la buseta no tenía licencia de conducir y tenía numerosos comparendos puestos por las autoridades de tránsito. Y es que muchas veces los dueños de buses contratan personas que no cumplen las normas para pagarles menos y los conductores se emplean a toda costa pues necesitan ingresos.

Viene después quien contrató la buseta, que debería haber encontrado una que cumpliera las normas y que fuese segura, ya que iba a transportar niños, muchos de ellos muy pequeños: la lista incluía uno de dos años. Varias preguntas: ¿por qué no había más adultos en la buseta? ¿Es extraño que un pastor se lleve a los niños solos a un paseo el domingo? ¿Por qué no iban los padres? Los padres confiaban, pero deberían haber pedido que asistieran más adultos para ayudar a cuidar a los niños. Probablemente otros adultos hubieran ayudado, pues Juan David, un niño de 13 años, fue quien ayudó a salvar unos pocos.

Ya lo que pasó, pasó, y es muy triste. Lo importante ahora son los correctivos que se pueden implementar para que no vuelva a suceder. Son necesarios: más control de las autoridades, más responsabilidad de los dueños de las busetas y del conductor en cumplir las normas, más exigencia de los padres frente a sus hijos y mayor responsabilidad de la iglesia al movilizar a los menores.

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