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Un hombre de masas y masacres

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En la Suma escrita por Fernández de Enciso las tierras recién descubiertas por Colón y llamadas por ello Colombia, son descritas como una extensión de la India. Así da comienzo la historia de coincidencias entre la India y Colombia que aún no termina.

La ignorancia ha cumplido su papel en dicha relación. Los europeos llamaban Indias a las Américas porque aún no habían confirmado la existencia de un vasto mar entre ese continente y Asia. También porque buena parte de los territorios reclamados compartía las latitudes más cálidas del globo con África sub-sahariana y la cuenca del Océano Índico. Si lo primero era ignorancia, lo segundo era una precisión.

El pasado fin de semana se cumplieron las elecciones generales de la India tradicional. Ochocientos millones votaron en la democracia más grande del mundo. Dos veces y media la población de EE.UU., casi el 70% del censo electoral. Al menos una quinta parte lo hizo por primera vez.

Pero la tragedia de este país “lleno de juventud, belleza y talento es que ninguno de los candidatos con mejores posibilidades inspira mayor confianza para unir la población” y llevarla al lugar que merece, más justo y pacífico. Esto afirma el historiador y director del Festival Literario de Jaipur, William Darlymple.

Observa que los candidatos tenían fallas considerables, y quizá ello contribuyó a la inusual polarización de un proceso electoral que pronto cedió el lugar del debate nacional a una verdadera guerra sucia.

El más reconocido era Rahul Gandhi, bisnieto de Nehru y nieto de Indira, quien representaba una de las dinastías más familiares del histórico Partido del Congreso. Pero también una enorme decepción, tanto por su incapacidad para aparecer como un hombre cercano al pueblo como por su indecisión, y la corrupción de su partido.

Con la izquierda fragmentada, sólo quedaba un candidato. Narendra Modi, del ultra-derechista BJP. Nadie niega su convicción y aura de autenticidad. Se le acusa sin embargo de haber condonado o instigado a los paramilitares que en el 2002 ejecutaron la masacre de Gujarat. Cientos de mujeres fueron violadas. A las embarazadas les arrancaron el feto de sus vientres. Miles de hombres fueron cortados en pedazos o quemados vivos. Tras sobrevivir los intentos de la justicia por investigarlo y rehusarse a responder preguntas acerca de lo sucedido, Modi será el gobernante de los Indios.

Las coincidencias con Colombia son obvias. También entre nosotros quienes han condonado o instigado masacres y conspiran para que la guerra continúe, más mujeres sean violadas y más hombres cortados en pedazos, tienen posibilidades. Su elección sería un desastre.

Lo primero es una precisión. Lo segundo ignorancia, pues se trata de una tragedia anunciada y evitable.

*Óscar Guardiola Rivera

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