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Salvemos la patria

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En estos momentos, por las circunstancias derivadas de la campaña electoral para el próximo periodo presidencial, no podemos menos que recordar la orden que el libertador Simón Bolívar le dio a su coterráneo, coronel Rondón, en los aciagos momentos de las postrimerías de la batalla del Pantano de Vargas, diciéndole, voz al cuello: “coronel, salve usted la patria”.

Y, recordar, también la orden del joven general José María Córdova cuando en el momento culminante de la batalla de Ayacucho le dijo a las tropas colombianas que comandaba: “soldados, armas a discreción, de frente, paso de vencedores”.
El coronel Rondón y el general Córdova vencieron.

Hoy, nosotros, ciudadanos colombianos ante el peligro que acecha a Colombia, nuestra patria, no podemos ser inferiores al compromiso de haber nacido bajo este cielo y en esta tierra y por eso, amparados en nuestras convicciones, invitamos a salvar a nuestro país haciendo uso del voto por la paz.

En estos momentos no solamente corremos el riesgo de perder, definitivamente y para siempre la paz y la democracia sino la patria misma y el país entero, pues los enemigos de la Constitución Política de 1991, del Estado Social y Democrático de Derecho, de los Derechos Humanos y de las negociaciones con la insurgencia armada para poner fin al conflicto armado interno y de todo lo que represente derechos del pueblo y para el pueblo, merecen nuestra confianza, respaldo y apoyo.

No podemos permitir que se pierda la paz, la tranquilidad y la democracia por no votar por estos supremos objetivos y que, por esta omisión, le abramos el camino a quienes con el alma envenenada por el espíritu de Benito Mussolini, Adolfo Hitler y Francisco Franco, desde la extrema derecha procuran alzarse con el poder por el poder mismo, retrotrayendo la política de “sangre y fuego”, proclamada a mediados del siglo pasado, por Laureano Gómez.

Ayer en El Espectador el columnista Héctor Abad recordaba palabras del dictador fascista de Italia, publicadas en 1932 en las que decía que no creía en la utilidad de la paz pero sí en la utilidad de la guerra sin importarle que el pueblo pusiera los muertos, como efectivamente sucedió y, al mismo tiempo, las mujeres humildes y sencillas pusieran las lágrimas.

Algo parecido nos está sucediendo en estos momentos, por lo que no es hora de reposo, sino de lucha democrática a través del voto universal y secreto por la paz, para que aseguremos un nuevo amanecer para Colombia, pues todos en conjunto seremos responsables de nuestro destino, de la terminación del conflicto armado interno y de estructurar un país distinto, amable, institucionalizado, garante de los derechos del ciudadano y de los derechos humanos, que transite por los senderos de la libertad, la independencia, la paz y la democracia. 

Rafael Aguja Sanabria. Ibagué.

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