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Convencidos de que la única manera de combatir la adicción al cigarrillo es fumando, Camilo Herrera y Mayra Carrillo, dos jóvenes emprendedores recién egresados de la universidad, decidieron invertir sus ahorros en un invento chino que ha tenido una fuerte acogida en Europa, Estados Unidos y algunos países de Latinoamérica, pues promete ser una opción eficaz contra el vicio de fumar.
Se trata de un aparato electrónico que luce igual a un cigarrillo convencional y se carga con cartuchos de nicotina de distintos sabores: tabaco, marlboro, fresa, piña, mentolado, chocolate, entre otros. Al aspirarlo, la punta del cigarrillo se enciende —imitando lo que sucede con uno de verdad a medida que se quema el tabaco y se convierte en ceniza—, la persona siente el sabor en su boca y luego arroja lo que parecería ser una bocanada de humo, pero que en realidad es vapor de agua. “Con esto se acabarían los fumadores pasivos. Ese humo ni huele ni hace daño”, advierte Camilo Herrera.
Hon Lik de Ruyan, el inventor de este producto, explicó a los medios de comunicación chinos que se trata de un mecanismo para ayudar a las personas a combatir la ansiedad, pues pueden permanecer todo el día con este cigarrillo electrónico en la boca sin hacerse daño o incomodar a quienes los rodean. Además, como los cartuchos de nicotina vienen en diferentes dosis (alta, media y baja), la idea es que poco a poco el fumador logre llegar a la más baja e incluso terminar utilizando un cartucho que no tenga este componente, sino simplemente una esencia de algún sabor.
La pila de este cigarrillo está diseñada para durar cuatro horas de uso, es decir, cerca de dos días. Una vez el aparato está cargado se puede utilizar para 150 aspiraciones. Este tiempo equivale a lo que dura media cajetilla de cigarrillos convencionales.
Aunque para muchos se trata de un invento que permitirá combatir el tabaquismo, hay quienes lo consideran peligroso por los daños que la nicotina causa en el organismo. Lo cierto es que su uso se ha extendido casi por todo el planeta y se ha convertido en una opción de mayor aceptación entre quienes quieren abandonar el vicio, que los parches o los chicles. En Inglaterra, por ejemplo, cada mes se venden 140 mil cigarrillos electrónicos y en Colombia, aunque hasta ahora son cerca de 60, Herrera prevé que el consumo se dispare, pues “se está cuidando la salud y el medio ambiente sin renunciar al placer del vicio”.