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Mujeres dueñas del sistema de salud

Para 1980 apenas el 28% de los médicos egresados eran mujeres. Hoy son mayoría, con el 53%.

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Es evidente el avance que han logrado las mujeres en todos los campos de la sociedad colombiana. En el laboral, hace pocos días conocimos la noticia del primer ascenso de una mujer a Generala de la República y realmente ya quedan muy pocas barreras a su desempeño. Es tal la fortaleza de la participación femenina en el trabajo, que se está cambiando la configuración de las profesiones, aun de aquellas que se consideraban masculinas. La práctica de la medicina y sus especialidades es, probablemente, la más reciente barrera en caer ante ese torrente femenino.

El estudio “Recursos humanos de salud en Colombia: balance, competencias y prospectiva”, realizado por el Cendex, de la Universidad Javeriana, para el Ministerio de la Protección Social, arroja resultados que no deberían parecer tan sorprendentes, pero que dejan una constancia sobre cuánto ha cambiado el país en las últimas tres décadas.

De acuerdo con los datos del Sistema Nacional de Información de la Educación Superior, para 1980 apenas el 28% de los médicos egresados eran mujeres. Ese dato contrastaba con las demás profesiones de la salud: 97% de egresados mujeres en enfermería; 89%, en bacteriología; 62%, en optometría; 60%, en odontología. De hecho, la figura para los usuarios de los servicios de salud correspondía al imaginario que aún conservamos: equipos profesionales dirigidos por hombres —médicos— y un ejército de mujeres, formadas en las entonces mal llamadas profesiones de apoyo.

Debemos acostumbrarnos a una nueva conformación de la fuerza de trabajo. Según el estudio, a partir de 1999 las mujeres empezaron en Colombia a representar más de la mitad de los matriculados en escuelas de medicina y ya en 2005 conformaban el 53% de los nuevos médicos (¿o médicas?) en el país. Este hecho hace patente la feminización de la estructura laboral en salud.

Los datos suscitan preguntas: ¿Está el mercado laboral remunerando adecuadamente a las nuevas médicas o existen diferencias entre géneros? Otro interrogante refiere a potenciales barreras a la participación masculina en profesiones como la enfermería o las terapias: ¿Subsisten limitantes desde la percepción de sus posibilidades laborales en los propios hombres o nos falta trabajar un nuevo marco de valoración social e institucional sobre el papel masculino en las demás profesiones de la salud? En un entorno internacional de déficit creciente de recursos humanos, consecuencia del crecimiento de la seguridad social y la migración de recursos humanos calificados, la participación masculina en esas profesiones podría favorecer un mayor stock de fuerza de trabajo calificada.

Mientras tanto, lo mejor es disfrutarlo. Es posible que la nueva configuración de género en la medicina traiga cambios en el ejercicio de la profesión y los pacientes tengamos una comunicación más fluida sobre nuestras dolencias, algo más de ternura y comprensión en nuestras necesidades, virtudes femeninas que agregan a su mayor formación profesional.

 *Director Centro de Proyectos para el Desarrollo. Universidad Javeriana.

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