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Torre de Tokio: historia maquillada

Columna para acercar a los colombianos a la cultura japonesa.

Japón
Avión caza “Zero” usado por el Ejército Imperial japonés en la Segunda Guerra mundial, expuesto en el Museo de Yushukan, dedicado a los caídos en combates, en Tokio.
Foto: Foto de Gonzalo Robledo

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Embellecer la historia nacional es una fuente constante de trabajo en Japón, gracias a un grupo de políticos nacionalistas empeñados en eliminar de los textos escolares los episodios más feos del pasado del país y mantenerlos fuera del alcance de los niños. Como el gobierno aprueba los textos, muchas editoriales encargan a maquilladores históricos minimizar las agresiones del ejército japonés en conflictos pasados. (Recomendamos más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).

Con el argumento de que la historia japonesa convencional es “masoquista”, se retocan o tapan sucesos indecorosos, como el reclutamiento forzado de mujeres jóvenes en los países vecinos para los burdeles militares nipones en la Segunda Guerra Mundial. También reducen el número de muertos en sonadas matanzas niponas, como la de Nankín, en China, en 1937, el episodio más sangriento de la historia compartida de los dos países y una herida sacada a relucir por Pekín para hacer reclamos a Japón, o cuando es necesario caldear los ánimos de los ciudadanos chinos para unirlos en una causa común.

Aunque la Enciclopedia Británica confirma el debate sobre el número exacto de muertos en Nankín (y propone entre 100.000 y 300.000), la Sociedad Japonesa para la Reforma de los Textos de Historia infravaloró la matanza y la redujo a un expeditivo pie de página en su texto de 2005. En Nankín “muchos” soldados y civiles chinos murieron o resultaron heridos por las tropas japonesas, dijo y, citando la carencia de evidencia contundente del número de víctimas, pasó al siguiente capítulo.

Como es de esperar, cuando Japón omite acontecimientos de tal magnitud o recompone otros, los países víctimas ponen el grito en el cielo. Los gobiernos japoneses desoyen tales protestas (casi siempre chinas y coreanas), y parecen suscribir la práctica, tan generalizada, de usar la historia como un rompecabezas hecho de retazos de pasado, y armarlo —cada vez de forma distinta—, con los intereses del presente.

Como resultado, la historia aprendida por niños japoneses, chinos y coreanos relata acontecimientos comunes con fechas, localización y personajes iguales. Incluso se parecen en la introducción, pero difieren radicalmente en su nudo y desenlace. No es raro, pues, que muchos jóvenes japoneses se extrañen del gran recelo suscitado en el resto de Asia por las banderas, los himnos y otros iconos evocadores de aquella época cuando el imperio nipón dominaba gran parte del continente.

Cuando se sabe que Japón lleva siete años aumentando su presupuesto militar, y el último gasto anual aprobado ascendió a unos US$6.700 millones, es lícito pensar que el objetivo de los textos censurados es hacer realidad el trillado dicho según el cual, aquellos que ignoran la historia, están condenados a repetirla.

* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.

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