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Todas las cosas que tienen que ver con las campañas políticas del presidente-candidato y de Óscar Iván Zuluaga me parecen un asco, por decir lo menos.
Entre chuzadas, acusaciones, millones de dólares que supuestamente le entregaron a un asesor de Santos, renuncias en las dos campañas, intento de la campaña de Óscar Iván de manipular a RCN televisión, acusaciones del senador Uribe de una supuesta entrada de dos millones de dólares provenientes del narcotráfico a la campaña de Santos en el 2010 y demás, no puede uno menos que pensar que nuestra mal llamada clase dirigente convirtió al país en su propia cloaca, sí, aquella en la que literalmente vierten su mierda, sus odios, sus pasiones, sus asquerosidades.
Lo que está detrás de todo esto es el afán de quedarse en el poder o de volver a él. Es una lucha intestina entre los que he denominado en el pasado el cartel del Country y el Cartel Uribista que tienen ideologías diametralmente opuestas sobre lo que le conviene o no a Colombia. Los primeros pertenecientes al estrato 6 de Bogotá o de sus regiones y los segundos, de origen popular y algunos de ellos con pasados turbios y vínculos con los paramilitares y narcotraficantes.
Santos le apuesta a la paz a toda costa y por supuesto Uribe y su gente le apuesta a la guerra, a esa guerra padecida en los últimos 50 años. La apuesta de Santos es riesgosa, pues echó todos los huevos en una canasta llena de criminales, asesinos, narcotraficantes. Y el senador Uribe quiere volver al poder, en cuerpo ajeno, para continuar su guerra en contra de la guerrilla, guerra que no fue capaz de ganar durante sus ocho años de gobierno y que, seguramente, tampoco podría ganar en caso de que Zuluaga llegara a la Presidencia.
No tengo memoria en mis más de 50 años de vida de haber presenciado una campaña más inmunda y nauseabunda. Y la verdad me aterra lo que está pasando pues a este paso no me extrañaría que antes de las elecciones pueda haber en este país un magnicidio o una atentado en contra de alguien para desestabilizar al gobierno de Santos con la finalidad de asustar a los ciudadanos para que salgan el 25 de mayo a votar con el terror que produce un hecho de estos.
Y si eso llegara a pasar, y Dios no lo quiera, esa responsabilidad deberá cobrársele históricamente al senador Uribe, no porque él haya dado la orden o algo así, sino porque entre sus seguidores fanáticos no faltará quien haga una cosa de esas para generar pánico. Aun el mismo Romaña podría hacer eso para romper el proceso que lo tiene tan descontento porque dejaría de matar y traficar, que es lo que sabe hacer.
Recuerden que los colombianos podríamos castigarlos en las urnas y ver en Peñalosa, Clara o Ramírez una cosa diferente, pues todo esto nos sabe a mierda.
Notícula: Toda esta polarización ha generado amenazas en contra de los periodistas de Blu Radio. A pesar de estas, seguiremos ejerciendo nuestra profesión con imparcialidad y responsabilidad con los oyentes.