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Me lo dijo un amigo

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No existe acción más grata para mí que recibir la visita o ir a visitar a un buen amigo, no necesariamente “mi mejor amigo”. Se preguntará quien lea esta nota cuál es la definición de mejor amigo. Lo dijo José de San Martín: mi mejor amigo es el que enmienda mis errores y reprueba mis desaciertos. Ayer conversamos sobre las campañas políticas en nuestro país y comentábamos por qué razón la candidatas aparecen en las estadísticas en los dos últimos lugares de las opciones de voto en las próximas elecciones. Mi amigo me dijo que las mismas mujeres y alguna que ocupa una posición importante dicen “que el país no está aún preparado para que lo gobierne una mujer”. Si esto se dijo para ayudar a la elección o a la reelección de un hombre, lo mejor sería que ese candidato fuese soltero.

Revisando la historia patria, tenemos heroínas que dieron su vida por el ideal de ser libres, siempre acompañaron al hombre en sus ideales patrióticos, pero desde 1810 hasta la fecha no ha habido una mujer en la primera magistratura, como tampoco figura en la lista oficial de presidentes uno que haya sido millonario en melanina y el que lo fue no figura en el club de expresidentes.

Se dijo en las semanas pasadas que el mejor homenaje que se puede hacer a Gabriel García Márquez es volver a leer su obra. Se colocan en sitio privilegiado La hojarasca, que para él significaba su mejor obra, Cien años de soledad, que lo catapultó a la gloria, pero no se enfatiza en leer sus pensamientos sobre la mujer en la dirección de los países y del mundo. En su discurso América Latina existe, pronunciado en Contadora, Panamá, el 28 de marzo de 1995, dice primero, refiriéndose al adjetivo calificativo, que Bolívar no lo uso: él decía América, sin adjetivos. También cita que por los años cuarenta Giovanni Papini declaro que América Latina no había aportado nada a la humanidad, ni siquiera un santo, como si le pareciera poca cosa. Se equivocó, pues ya teníamos a santa Rosa de Lima, pero no la contó, quizás por ser mujer.

En El cataclismo de Damocles, Conferencia Ixtapa, México, 1986, no separa a la mujer cuando enuncia que de nosotros depende, hombres y mujeres de ciencia, hombres y mujeres de las artes y la letras, hombres y mujeres de la inteligencia y la paz… Entonces añade mi amigo: sería una prueba fehaciente que las mujeres de Colombia se uniesen y votaran por una de las candidatas que valerosamente se han lanzado a la palestra representando colores partidistas diferentes para que obtuvieran de sus congéneres el voto de confianza y por fin llevaran a una mujer a la dirección de los destinos patrios, con la seguridad de que por su compromiso con la honestidad, el sentido social y el sentido común de la economía, con la cual manejan el presupuesto familiar, extenderían sus capacidades a mejorar lo que los hombres hemos hecho mal desde 1810.


Héctor A. Chamorro. Bogotá.

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