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Ciencia en pequeña escala

La Universidad de los Andes lidera un programa para que los estudiantes de primaria aprendan a través de divertidos experimentos.

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Después de que suena el timbre llega el alboroto. Las sillas rechinan contra el suelo, las mesas son reacomodadas en medio del ruido, todos corren por el salón para sentarse en grupos, uno al lado del otro. Sus ojos brillan con una emoción que a su corta edad apenas son capaces de controlar. La profesora Juliana González llega, saluda y comienza la clase con una pregunta, una duda que deja en el aire para que los niños de quinto de primaria del colegio distrital Ciudad de Bogotá intenten responder durante la siguiente hora y media.

Manos a la obra. En vez de los cuadernos, las tablas de multiplicar, el lápiz, el transportador y la regla, los niños sacan pitillos, cubos de cartón, icopor, bolas de ping pong y todos los demás elementos del pequeño experimento con el cual tratarán de averiguar la respuesta. Dos veces por semana el ritual se repite. La profesora González comienza su clase de nuevo con un problema a resolver y de su caja mágica, su propia versión de la maleta del gato Félix, extrae los materiales del conocimiento, como si la verdad estuviera hecha con cartulina, palillos y pegante. Aquella es la clase de pequeños científicos.

Una idea que se volvió grande

Georges Charpac ya era, para 1997, un personaje inmortal. Su nombre estaría para siempre en los pesados libros de la historia como el ganador del Premio Nobel de Física en 1992, un reconocimiento que lo puso en la misma lista donde está Albert Einstein, por mencionar sólo un nombre. Ese año, 1997, Charpac fue invitado por la Universidad de los Andes a dictar una conferencia sobre lo que más sabía: física.

Los asistentes se prepararon para escuchar una sesuda intervención acerca de partículas y energía, pero terminaron asistiendo a un discurso sobre la educación. Charpac habló apasionadamente de la importancia de enseñar la ciencia como algo tangible y útil a los pequeños; según él, la única manera de formar estudiantes capaces de entrar a una universidad para aprender y no para llenar vacíos escolares.

Las ideas del Premio Nobel, polaco de nacimiento, pero con una amplia trayectoria profesional en Francia, provenían de un método ampliamente utilizado en este país basado en la indagación. De la misma forma que un científico debe experimentar para llegar a un descubrimiento, los niños en las escuelas reciben una educación en ciencias básicas donde deben hacer lo mismo: ensayo y error para alcanzar una respuesta, un pedazo de la verdad que se consigue a través de la duda eterna, del constante cuestionamiento.

El discurso de Charpac caló hondo en las directivas de la Universidad de los Andes, que en 1998 decidieron, en conjunto con el Liceo Francés, realizar una prueba piloto de algo que llamaron “Pequeños científicos”. Teóricamente el proyecto está apoyado por varios estudios alrededor del mundo que defienden la idea de que el conocimiento se interioriza más cuando se tiene en las manos, cuando por medio de la experimentación propia se sacan conclusiones, una idea que se viene estudiando desde la década del setenta. Los defensores del programa aseguran que el niño no sólo mejora intelectualmente, sino personalmente: como todo el trabajo debe hacerse en grupo, esto implica aprender el valor de la palabra del otro, el peso de los argumentos de los demás.

Después del Liceo Francés vinieron cinco colegios distritales, administrados en concesión por la Alianza Educativa. Desde ahí, un poco más de una década después, “Pequeños científicos” ha logrado expandirse a 10 ciudades del país y contar con la participación de 46.000 estudiantes de primaria de colegios públicos y privados. El trabajo involucra actualmente a la U. de los Andes, Alianza Educativa, el Liceo Francés, la Embajada de Francia, la Academia Colombiana de Ciencias y Maloka, que conforman la Alianza Pequeños Científicos.

Ciencia al desnudo

“Siento que con ‘Pequeños científicos’ los niños aprenden más, he visto cómo el conocimiento les queda por dentro, no sólo en el cuaderno”. Jacquelin Bernal es profesora del colegio distrital Jaime Garzón, uno de los cinco administrados por la Alianza Educativa en donde el programa lleva un poco más de 10 años.

“Creo que los experimentos les dan la posibilidad de preguntarse cómo funcionan las cosas y, al mismo tiempo, de encontrar respuestas propias a problemas básicos”, dice la profesora González, del colegio distrital Ciudad de Bogotá. “Pequeños científicos” apenas lleva cuatro años en este plantel.

¿Cuál es la diferencia básica entre una clase de “Pequeños científicos” y cualquier otra? Todos los niños piden la palabra, algunos incluso se paran del puesto para que les pregunten: “En esta clase hice una cartelera con los oficios de la construcción y me gustó mucho el del ingeniero civil, entendí qué era eso cuando hicimos una casa con pitillos y cubos de cartón”.

“Cuando la profe preguntó qué le pasaba a una planta si no recibía la luz metí mi matica en un armario y allí se murió. Después aprendí que necesita luz, además agua, para vivir, para tener energía”. “El día en que la profe trajo un corazón de vaca pudimos ver cómo es el cuerpo por dentro, saber cuáles son los tejidos y otras partes, y entender cómo funciona nuestro cuerpo”, cuentan dos estudiantes de quinto de primaria que disfrutan de las actividades de “Pequeños científicos”.

Las profesoras Jacquelin Bernal y Juliana González respondieron que la diferencia de esta clase de ciencia con las demás radica en el modo de aprendizaje: la lección ya no va del tablero al cuaderno, del profesor hacia el alumno, sino de una pregunta al experimento, de la duda y la hipótesis a las manos.

Y la pregunta final: ¿Les gusta la clase? El ruido fue ensordecedor, todos gritaron que sí. ¿Por qué? La emoción, como es típico en los niños, estuvo por encima de las instrucciones de la profe de levantar la mano, todos tenían una respuesta válida: “Porque podemos hacer carteleras para explicar lo que hicimos”. “Por los experimentos, nos gusta poder aprender nosotros mismos en vez de copiar todo el día en un cuaderno”.

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