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El presidente electo de Estados Unidos, Joe Biden, pidió este lunes al mandatario saliente, Donald Trump, que reconozca la derrota en las elecciones de noviembre, poco después de que el Colegio Electoral confirmara el resultado de los comicios.
“Respetar la voluntad del pueblo es parte esencial de nuestra democracia. Incluso cuando encontramos esos resultados difíciles de aceptar. Pero esa es la obligación de quienes han asumido el deber jurado de respetar la Constitución”, dijo Biden en un discurso.
El presidente electo pronunció su discurso más directo hasta la fecha condenando los esfuerzos de Trump para deslegitimar los comicios, minutos después de que el estado más occidental del país, Hawái, cerrara la votación del Colegio Electoral confirmando los 306 delegados para Biden y los 232 para Trump.
“306 votos electorales son los mismos que recibieron Donald Trump y el vicepresidente Mike Pence cuando ganaron en 2016. En ese momento, Trump calificó su ventaja en el Colegio Electoral como una victoria aplastante”, afirmó Biden.
“Según sus propios estándares -agregó-, estos números (306 a 232) representaron una clara victoria en ese entonces, y yo sugiero respetuosamente que también lo hacen ahora”.
Biden calificó su victoria de “clara”, lamentó que ni los recuentos en varios estados ni los varapalos judiciales “hayan parado las afirmaciones infundadas sobre la legitimidad de los resultados” y condenó los intentos de revertir la voluntad popular por parte del mandatario saliente.
“Afortunadamente el Tribunal Supremo de manera unánime rechazó por completo y de inmediato estos intentos. El tribunal envió un claro mensaje al presidente Trump de que no serían parte de un asalto sin precedentes a nuestra democracia”, sostuvo Biden. Por todo ello, el presidente electo pidió a Trump “pasar página”.
“En esta batalla por el alma de Estados Unidos, ha prevalecido la democracia (…) La integridad de nuestras elecciones permanece intacta. Y ahora es hora de pasar página, de unirnos, de sanar”, afirmó.
Biden se ha mostrado confiado desde que fue declarado ganador de las elecciones el 7 de noviembre de que Trump terminaría por reconocer su derrota, pero en su discurso de este lunes dejó de lado el tono conciliador y pidió al mandatario saliente que lo haga de una vez.
Normalmente, el voto del Colegio Electoral es un mero trámite burocrático, pero este año ha cobrado importancia por los intentos de Trump de socavar el proceso.
El mandatario saliente, que dejará el puesto el 20 de enero, ha presentado varias demandas en estados claves para alegar, sin pruebas, que hubo fraude electoral en el voto por correo, que usaron millones de estadounidenses por la pandemia, pero la mayoría de ellas han sido desestimadas en los tribunales.
El fin de la inaudita campaña legal de Trump
El equipo legal de Trump, encabezado por el exalcalde de Nueva York Rudy Giuliani esgrimía casi a diario ante los medios graves acusaciones de fraude y enrevesadas teorías de la conspiración, pero luego no aportaba pruebas contundentes ante los tribunales, que desestimaron sus demandas en casi todos los casos.
Sus descabellados argumentos fueron desde acusar de interferencia electoral al fallecido presidente venezolano Hugo Chávez y asegurar que los aliados de este habían contado votos estadounidenses en España y Alemania; a afirmar que Trump ganó por millones de votos, pero que muchos se derivaron a Biden debido a un software amañado por los demócratas.
El golpe de gracia a esa estrategia lo propinó el pasado viernes el Tribunal Supremo, que rechazó una demanda presentada por los líderes republicanos de Texas y respaldada por Trump para impedir que Georgia, Michigan, Pensilvania y Wisconsin, refrendaran este lunes su victoria en el Colegio Electoral.
El principal objetivo de los abogados de Trump fue siempre dar la vuelta al resultado en esos cuatro estados clave, que el ahora presidente ganó en 2016, pero que ahora han votado por Biden.
Además de acudir a los tribunales, Trump presionó a legisladores estatales en Michigan y Pensilvania para que interfirieran en el proceso del Colegio Electoral, y a los líderes republicanos de Georgia para que encontraran formas de descalificar votos.
La tensión en Georgia escaló hasta tal punto que al menos un trabajador electoral recibió amenazas de muerte, y el encargado de la implementación del sistema de votación en el estado, Gabriel Sterling, exigió públicamente que el presidente y sus aliados “pararan” sus denuncias infundadas de fraude.
Pero Trump seguía con una estrategia que ha sido, ante todo, una campaña de relaciones públicas para pulir su marca de líder insurgente y enemigo del poder establecido, y promete mantenerla mucho después de abandonar la Casa Blanca en enero.
La táctica ya le ha dado resultados: solo el 24 % de los estadounidenses que se definen como republicanos aceptan el resultado de las elecciones, según una encuesta de principios de diciembre de la emisora NPR y la consultora Marist.
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