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La última conversación con Tomas Anker Christensen fue en Bogotá, el año pasado, justo cuando la guerra en Ucrania estalló. “No sabíamos ni siquiera qué estaba pasando. Fue raro saber que la guerra más importante en Europa estaba empezando mientras yo estaba sentado en una silla de avión, viajando a Colombia”. Más de doce meses después, y esta vez desde una oficina en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Dinamarca, en un edificio al borde de uno de los canales de Copenhague, el embajador de cambio climático habló sobre su rol de traducir “las ambiciones nacionales y acciones danesas en la política global”, en iniciativas que Dinamarca pueda apoyar más allá de sus fronteras. La Cumbre P4G, que empieza mañana en Bogotá, es un ejemplo de eso.
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En su tercera edición, luego de inaugurarse en Dinamarca y de tener una segunda versión en Corea del Sur, esta plataforma busca crear alianzas para el desarrollo sostenible, trabajar en temas de transición energética y del desarrollo de ciudades, de la mano con el sector público y privado. Él piensa que “Colombia está jugando un rol importante en impulsar la ambición de la acción climática en Latinoamérica, por eso acercar a los vecinos y ayudar a construir coaliciones es realmente útil”. Desde la capital danesa, esperaba que Colombia se uniera a la alianza Más Allá del Petróleo y del Gas, y ahora eso es una realidad. De hecho, la reciente visita del ministro danés de Cooperación, Desarrollo y Política Climática Global, Dan Jørgensen, selló ese ingreso.
Dinamarca entendió la importancia de la transición energética en los años 70, durante la crisis del petróleo. ¿Por qué ese fue un punto de quiebre para ustedes?
Nos pegó muy duro el boicot de la OPEP y entendimos que, para no ser vulnerables, debíamos empezar a producir energía nosotros mismos. Fue un poco de todo y al mismo tiempo: cuando comenzamos a explorar el petróleo y el gas en el mar del Norte, y empezamos a desarrollar los campos para ello, también empezamos a apoyar el avance en la energía eólica, a invertir en eficiencia energética y a crear regulación alrededor de ella. De esa forma, desde 1970, trabajamos en esos tres frentes: petróleo y gas, energías renovables y eficiencia energética. En 2020, cuando tomamos la decisión de terminar las exploraciones de petróleo y gas, éramos el más grande productor en la Unión Europea; antes lo era el Reino Unido, pero eso cambió con el Brexit.
Teniendo en cuenta el contexto de la guerra en Ucrania, ¿considera que los otros países europeos están tratando de entender lo que ustedes aprendieron en ese entonces?
Creo que muchos Estados europeos envidian que nosotros obtengamos la mayor parte de la energía a partir de nuestras propias fuentes. El Gobierno danés ha celebrado varias cumbres con los mandatarios de otros países y hemos establecido metas comunes. El año pasado, por ejemplo, realizamos un encuentro en la ciudad de Esbjerg, en la que el primer ministro danés se reunió con los líderes de Alemania, Países Bajos y Bélgica, así como con la cabeza de la Comisión Europea, y acordaron alcanzar conjuntamente 65 gigavatios de energía eólica para 2030 y 150 gigavatios para 2050. Además, tuvimos una cumbre con los vecinos europeos en el mar Báltico, el océano que hay entre Dinamarca y Rusia, en la que todos los miembros no rusos de la Unión Europea acordamos alcanzar 20 gigavatios de energía eólica para 2030. Creo que estamos luchando por reducir nuestra dependencia en combustibles fósiles y catalizar la transición hacia energías limpias y renovables lo más rápido posible.
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La guerra ha tenido un efecto global: si bien no se ha sentido con la misma fuerza que en Europa, sí ha permeado a América Latina. ¿Por qué es importante para Colombia trabajar en la transición energética, teniendo en cuenta las tensiones geopolíticas entre Kiev y Moscú?
Nosotros apreciamos tener a Colombia como socio en el intento por empujar hacia ese tema, la transición energética, alejándonos de los combustibles fósiles. Entre más podamos desarrollar de forma conjunta modelos de negocio y enfoques de energías renovables, Colombia podría ser un modelo para la región, para Latinoamérica. En el corto plazo, sí, sentirán que están pagando un alto costo por alejarse de esas fuentes, pero recuerden que los combustibles fósiles son finitos y se acabarán. En cambio, el sol y el viento los tendremos siempre. Se trata, entonces, de ser prudentes y de preparar la transición, para así generar riqueza y empleos.
El año pasado, la última vez que conversamos, usted habló sobre la asesoría que le están dando a Colombia en dos frentes: la industria naviera y de transporte, que identificaron como las más contaminantes, en aras de hacerlas más sostenibles. En esta cumbre de P4G, ¿qué otros temas estarán presentes? ¿Siguen siendo los mismos o hay otros que considera relevantes?
La geopolítica ha cambiado: la última vez que conversamos, dos días después de que estalló la guerra en Ucrania, todavía no sabíamos qué estaba pasando. Ahora es claro que la situación es diferente, y eso también ha afectado al sistema energético. En cuanto a Colombia, es cierto que el transporte es el que tiene la mayor cantidad de emisiones en su economía. En paralelo, la transición que involucra tanto a los sistemas energéticos como a los sistemas basados en la naturaleza se ha vuelto aún más importante a nivel global. Ahí, en ambas apuestas, Colombia puede ayudar a liderar el camino y a mostrar a otros países cómo hacer que funcione la asociación entre lo público y lo privado. Con eso dicho, la parte urbana de la cumbre se centrará en transporte público: buses eléctricos y electrificación del sector en general.
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