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Los de mejor clase

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Es odioso, por decir lo menos, que los candidatos que van punteando y se sienten invencibles no acudan a los foros, a los que son invitados con los demás, que sí asisten, dando a entender que no se mezclan (chusma, chusma).

Varios foros ha habido, tanto de candidatos a la presidencia como a la vicepresidencia, a ninguno de los cuales asistieron los de la Unidad Nacional ni los Verdes. Santos y Vargas, Peñalosa y la señora Segovia hicieron el gesto de aquella foto que caracterizó a Juan Manuel Santos, cuando fue elegido designado a la Presidencia. La palma extendida de quien señala hasta aquí y de quien dice: por favor, no más acá.

Así van bien. Señoritos de alta clase política —alguno ni siquiera nacido en tierra colombiana— que buscan acercarse, pero finalmente no lo hacen. Peñalosa, por lo demás, puede temer la confrontación televisada, pues mal le fue con Andrés Oppenheimer, cuando no pudo desenredar su pensamiento y en un momento dado cortó abruptamente. A lo que el interrogador preguntó a la dirección del programa si lo habían interrumpido.

Verdad que es difícil contestar de improviso sobre todos los temas y peligroso, muy peligroso, dejar una impresión reveladora de deficiencias en la información, en la decisión, en el enfoque acertado, en la personalidad misma del candidato. La vida es un examen escolar permanente y no se diga cuando se trata de un contrapunteo entre aspirantes al poder supremo de una república.

Santos ya está curtido en la comunicación de masas, sin mayor éxito, es verdad, y Peñalosa no pasa de brindar una sonrisa forzada, acompañada de frasecitas ingenuas. Su timidez es honda y el último y oscuro lugar de sus decisiones es impenetrable. En el poder, será este sitio recóndito de su pensamiento (de donde salió Transmilenio, sin consulta popular alguna) y no su sonrisa preelectoral, de donde emanará el estilo de mando.

De Juan Manuel Santos casi todo se sabe, incluidas sus contradicciones. Con Germán Vargas podrá ocurrir lo que le sucede con su actual ministro de Defensa, quien le sirve de conciencia, podría decirse que es su otro yo. Una cosa dice Santos y otra contradice Pinzón.

Para colmo, así como la candidata a vicepresidencia del Partido Verde no asistió al foro por la educación, siendo especialista en el tema, el propio candidato Peñalosa, Verde por excelencia, no asistió al foro del agua, tema del partido que lo avala.

***

Pero, claro, los que asisten a los foros dejan tal cual impresión, que, en el caso de los vices —con Hassan, en primicia— fue más o menos así: a Aída se la vio imperativa, fanática, terrible; Camilo Gómez perdonará, pero se le sintió algo fofo, neutro, insípido; de un Holmes de mil propósitos se pudo admirar su fluida dicción inútil.

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