Publicidad

Con licencia para soñar

Este fin de semana se reunieron en Villa de Leyva, durante el XII Festival de Astronomía, decenas de expertos y aficionados en torno al cielo, las estrellas y los misterios del universo.

Santiago La Rotta
04 de febrero de 2009 – 06:00 p. m.

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Todo comenzó en su infancia cuando, tendido en el suelo de la finca familiar en los Llanos Orientales, Raúl Joya miraba hacia el cielo: una inmensidad de brillos, un enorme espacio negro manchado de luz que hablaba acerca de los misterios del universo, de los enigmas de la vida en una clave titilante de destellos lejanos pero atrayentes. Joya es ahora presidente de la Asociación de Astrónomos Autodidactas de Colombia.

Hace 12 años, junto con un grupo de amigos, todos en la misma onda espacial, decidieron que aquella pasión había que compartirla y fundaron el Festival de Astronomía, algo así como una vitrina terrestre para el universo. Desde entonces, todos los años, aficionados y curiosos se reúnen en Villa de Leyva, Boyacá, para observar el cielo y sus encantos.

Algo similar le sucedió a Gonzalo Caicedo, biólogo de profesión y astrónomo de corazón, quien creció con el cielo del Pacífico colombiano encima de su cabeza: “Por las noches aparecía, allá en lo alto, una cosa increíble, un espectáculo inolvidable. Tendido en el piso, con el ruido atronador de la naturaleza nocturna rodeándome, sentía el éter de la vida misma vibrar a mi alrededor, mientras observaba las estrellas”.

José Roberto Vélez, presidente de la Red de Astronomía de Colombia, que agrupa a 15 observatorios, nueve planetarios y 150 personas entre astrónomos autodidactas y profesionales, advierte que la ciencia cambia culturalmente a los pueblos, su forma de pensar, de aproximarse a la vida, a los demás. Pero “en este país nadie habla de ciencia o educación, los presupuestos oficiales son muy escasos para estos temas. Ese es un escenario al que hay que darle la vuelta y el Festival hace su aporte difundiendo la ciencia y el interés por el universo”.

Muchas personas se aglomeraron el sábado pasado alrededor de un telescopio blanco, construido por Joya, que fue instalado en la mitad de la plaza de Villa de Leyva, justo enfrente de la parroquia católica, la misma religión que juzgó y condenó a Galileo Galilei (cuyo telescopio cumple 400 años), una de las figuras tutelares de la astronomía y la ciencia, uno de aquellos genios cuyos planteamientos eran considerados demasiado adelantados para su tiempo. Sin embargo, esa noche el cielo se cerró, como si alguien hubiera decidido que la función debía terminar, y una tímida lluvia comenzó a caer.

“Este año no tuvimos suerte, nunca había pasado esto. Muchos astrónomos tienen finca en Villa de Leyva precisamente porque no suele llover, lo que hace de este un lugar ideal para la observación del cielo”, dijo Vélez, entre apenado y desconcertado.

Para concluir la jornada y animar a los asistentes se realizó el lanzamiento de cohetes, que tuvo una gran acogida. En la mitad de la plaza fue instalada la plataforma, que constaba, básicamente, de un compresor de aire que impulsa los cohetes, construidos con material reciclable y cuyo combustible era agua mezclada con un poco de soda.

Bien entrada la noche los cohetes despegaron con gran impulso, como queriendo agujerear el cielo taponado de nubes. Los niños coreaban el 10, 9, 8… antes de cada lanzamiento. De la misma forma que lo hacían los cohetes, tanto astrónomos como aficionados y curiosos miraban hacia arriba, como queriendo despegar hacia el hondo hueco negro que envuelve nuestro planeta y que, como lo dijo Caicedo, contiene el éter de la vida, la fuerza vital que hace girar el universo.

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido