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Ícaro y la inclusión financiera

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La teoría económica justifica el rol de la regulación, debido normalmente a la presencia de “fallas de mercado”.

En el caso de la inclusión financiera, para aproximarse a lo eficiente, la regulación que la impulse debería construirse teniendo en cuenta (1) su objetivo de incrementar la mayor participación de familias y empresas por su impacto positivo en el bienestar, y (2) la necesidad de evitar decisiones (v.g. que relajen demasiado la gestión del riesgo) que deriven en resultados no deseados. Esto es, que la inclusión financiera alce vuelo sin parecerse a Ícaro.

En tanto las agendas de política pretendan que el objetivo de inclusión financiera sea eficiente y sostenible, la regulación requerirá avanzar con medidas que destraben los factores obstaculizadores al uso y acceso de los servicios financieros: limitaciones geográficas, excesivo requerimiento documentario, percepción de costos elevados, desconocimiento y falta de confianza, entre otros. Para ello, las agendas de política recomiendan aprovechar la tecnología, fomentar la competencia, proteger al consumidor y promover la educación financiera. Y todo esto requiere un marco regulatorio coherente.

La regulación de la tecnología para la inclusión financiera debe buscar un equilibrio entre las exigencias necesariamente estrictas de la regulación financiera (v.g. las normativas de blanqueo de capitales) versus un mundo digital, donde lo virtual es lo que manda. Las tendencias globales de la “banca móvil” para una mayor transaccionalidad, o el uso intensivo de información masiva (big data) para permitir el otorgamiento de créditos a personas sin historial, vienen siendo un reto en la implementación de una agenda regulatoria más inclusiva.

Las regulaciones también deben promover una mayor competencia en el mercado, aunque, bajo similares exigencias a todos sus participantes, acorde con el papel neurálgico del sistema financiero. Asimismo, una regulación que ayude al consumidor, en donde existan asimetrías de información, es clave para que la intermediación sea beneficiosa. Instruir financieramente a los agentes es, por supuesto, fundamental.

La inclusión financiera es un concepto que va mucho más allá de las buenas intenciones. Una regulación bien pensada es vital, no sólo para el despegue, sino para evitar que las alas se calcinen. 

David Tuesta ** Economista jefe de inclusión financiera de BBVA Research.

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